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Agradecido a los nubarrones



Agradecido estoy de que los nubarrones de mi ciudad se hayan convertido en lluvia, viento y temperaturas por debajo de los 10º. Uno que se descuida con frecuencia ha echado en falta sus guantes de invierno y ese forro que le acompaña en los días fríos. Esa lluvia que me ha calado hasta los huesos y ese frió que se te instala en las yemas de los dedos y que duele, ¡vaya si duele!.
Agradecido a la musaka, a la fideua y a los pasteles que con este tiempo te permiten sobremesas largas y placenteras. Fortuna la de contar con contertulios, brothers, y un lujo de acompañantes y todo en lugares con vibraciones positivas.
Al fondo de mi pasillo una bicicleta me recuerda que mi gran pasión puede esperar y que otras pasiones pueden ocupar el puesto nº1 para enriquecerá un poco la vida de este bicilover que te cuenta sus cosas.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana