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¡La vida en blanco y negro

Corrían las últimas horas de mi cálido fin de semana. Estaba sentado en una terraza saboreando un café con leche y pensando en mis cosas. Llegó con la gracia de un encantador de serpientes, me miró a los ojos e inundo mi planeta con una alegría inusitada para una persona en su situación. Se presento muy educadamente, pretendía invitarme a una consumición. Se sentó delante de su vino con casera y entre Winston y Winston nos pasamos un par de horas de conversación. Para ser precisos, me pase dos horas escuchando capítulos de su vida.Estefanío es una persona con una cultura por encima de la media, con una capacidad de expresarse muy notable y con una vida llena de experiencias. Saliendo de Cabrales ha pasado media vida entre fogones. Ha trabajado en los mejores restaurantes de Santander y de Madrid.¿Te suena La Dorada?. Y a mitad de su vida se encuentra sin techo, sin cariño, sin dinero y con la única amistad de los que comparten su misma situación. Una hija preciosa que lleva en su móvil es su única esperanza.
Un inocente, como el dice, que empezó cuidando cabras en su pueblo natal y que acabó perdiéndolo todo en alguna mesa de poker. Dos matrimonios rotos, dos hijos por el camino y una santa y otra no tan santa, son los cadáveres que ha dejado en el camino.
Nos despedimos después de un pequeño y divertido incidente con otro amigo del alcohol, con una sonrisa franca. ¡Lo hemos pasado bien! ¡Nos hemos divertido un rato! me dijo mientras se alejaba por la Avenida de La Constitución camino de otro bar donde dan muchos pinchos con el vino.
Me impresionó el capitulo de su primera noche en la calle. Me puso los pelos de punta el capitulo de la noche en compañía de su primer jefe. Me entristeció ver la fotografía de su hijita de tres años y me sigue doliendo la cabeza al pensar en el futuro de este buen hombre.


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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana