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Weekwed en Cantabria. Territorio Cabañas & Estacas

Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres
Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes.









Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza.
Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia.

 
El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación, gravel finas de carbono y titanio… y luego estaba “Cocco”, una monster gravel que se ganó al grupo desde el minuto uno. Cada cual con su montura, pero todos con la misma idea: disfrutar y entender el entorno. Y ahí Israel volvió a ser clave, echando una mano con el recorrido, el alojamiento y esos detalles que marcan la diferencia. Cuando alguien conoce el terreno, se nota. Y mucho.

Día 1: Volver a empezar
Salimos de Bárcena Mayor el 24 de abril. Antes, parada obligatoria: palmeras y corbatas gigantes en Los Tánagos  (Pesués). Aquí las tradiciones no se negocian. Ese momento previo, con los nervios buenos y la ilusión intacta, casi vale tanto como la ruta en sí.
Arrancamos —GPS en marcha y piernas todavía con alegría— rumbo al Llano de la Dehesuca y las cabañas de Fuentes. La subida hacia la Cotera de la Fuente, por encima de los 1.500 metros, nos fue colocando poco a poco en nuestro sitio.

Parada en el refugio. Comer algo, charlar sin prisa… y disfrutar. El día acompañaba: sol, poco viento y temperatura de las que arreglan la semana. Así que, claro, la conversación al calor de la chimenea se alargó más de la cuenta. Nadie tenía prisa. ¿Para qué?
El bosque había sido, además, una sorpresa continua. Arrancamos junto al río Argoza, rodando por una pista preciosa entre fresnos, sauces y avellanos. Más arriba, el hayedo nos abrazó por completo, cerrando la luz y obligándonos a bajar el ritmo… casi por respeto. Y ya en la parte alta, el paisaje se abre: pastos de altura y vistas de las que te paran en seco. En nuestro caso, parar… y sacar fotos como si no hubiera un mañana.

Pero tocaba seguir. Cruz de Fuentes, un descenso precioso y el Puerto de Palombera, siempre con el ganado a sus anchas —aquí las vacas mandan, y con razón—. Dejamos la carretera y cogemos la pista en la Venta Tajahierro que nos da acceso a los puertos de Sejos donde atravesaremos el collado del mismo nombre. Una portilla nos espera abierta para   desde allí, iniciar  un descenso muy corto y  amable  que nos llevó a destino.. Cansancio en las piernas, sí… pero la cabeza despejada y muy limpia.
El refugio: donde todo encaja

Tras unos 38 kilómetros llegamos al Albergue El Cobijo del Valle. Y aquí no hace falta adornar: lo de Rosa y Lolo es especial.Entrar y ver la brasa encendida… eso ya te gana. Dejamos las bicis, nos acomodamos y empezó lo mejor: charla tranquila, risas, historias… esa sensación de estar en casa sin estarlo.

El albergue es acogedor, bien pensado, de esos sitios donde todo tiene lógica. Lo ocupamos casi entero y, entre conversación y conversación, llegó la cena. Cocina y comedor compartiendo espacio, lo que permite seguir hablando mientras salen los platos. Una sopa de pollo que resucita, una lasaña de matrícula y un flan casero de los que ya no se encuentran. De los de verdad.Después, la sobremesa junto al fuego. Historias de monte, de osos, de gallinas con más carácter que muchos ciclistas… ya sabes cómo va esto. Al calor de la lumbre, todo suena mejor.Y poco a poco, uno a uno, fuimos cayendo. El albergue se llenó de ese concierto de ronquidos que solo se entiende después de un buen día de pedales.Diez personas, sin prisas, sin ruido. Ahí es donde todo cobra sentido.

Día 2: lo que la montaña te pide
Amanece domingo. Sin urgencias. Desayuno de los que merecen la pena: mesa llena, productos de verdad y ese runrún de “a ver qué nos toca hoy”. Café, charla y a preparar las bolsas.Foto de rigor… una despedida cariñosa a Rosa y Lolo y el adìos mientras emprendemos  la  marcha.
La bajada hacia Uznayo fue de las que te hacen apretar los dientes. Los de gravel bajábamos con respeto —más por los empastes que por otra cosa— en esa pista de hormigón rayado que no admite despistes.
Desde allí, la CA-281 nos regaló un descenso precioso, buen firme y vistas espectaculares, con una ligera neblina que le daba ese punto mágico. Paradas varias: embalse de la Hoz de Bejo, miradores… y el gustazo de ver a los compañeros bajar con alegría.
Llegamos a Tudanca, donde el tiempo parece ir más despacio. Pero en cuanto sales, la montaña te recuerda quién manda.
La subida hacia Prado Concejo arranca por pista forestal en buen estado, perfecta para coger ritmo… aunque siempre hacia arriba, claro. El bosque atlántico, en esta época, está en su mejor versión.
Al llegar a Castro de la Braña, la cosa se pone seria: piedra suelta, tramos rotos… aquí ya no se trata de ir rápido, sino de no hacer tonterías.
La subida al collado de Brañaluenfa es constante, de las que se hacen largas y te obligan a gestionar bien. Pero cuando coronas… se abre el mundo. Montaña en estado puro.
La Braña de Bucierca ofrece un respiro relativo: pastos, cabañas dispersas y ese aire ganadero que aún resiste. Zona rodadora, sí… pero sin confiarse.

El paso por la Mina de Lápiz añade ese toque de historia que siempre engancha. Restos de otro tiempo, ahí, en medio de la nada.
Y luego, la bajada hacia el Saja. Bosque cerrado, humedad, verde intenso. Tramos rápidos mezclados con zonas técnicas. Aquí alguno se vino arriba… y otros preferimos llegar enteros, que ya tenemos una edad y un historial.
Paramos varias veces. La luz lo pedía. De esas que te obligan a sacar la cámara… o a quedarte mirando sin más.

El enlace final con la CA-280 , giro a la izquierda y nos llevó a los últimos kilómetros. Más tranquilos, en suave descenso y ese asfalto que te invita a rodar con alegria. Vamos  con la cabeza disfrutando como críos y ya el grupo dividido entre los que lo dan todo con las piernas y los que lo hacemos con la lengua.

Es una ruta que no destaca por un punto concreto, sino por el conjunto: variedad, cambios constantes y ese sabor a montaña auténtica. No es para lucirse. Es para vivirla. Con calma, con cabeza… y sabiendo dónde estás. Aquí manda la montaña. Y a estas alturas, se agradece.

Llegamos cansados, claro. Con polvo en la bici y las piernas tocadas. Pero con algo mucho mejor: la sensación de haber hecho las cosas bien.

De haber vuelto.

Y de haberlo hecho con la gente adecuada.

Porque al final, cuando el grupo tiene alma… el camino siempre es el correcto.

Ficha técnica de la ruta

Nombre: Weekend Cantabria infinita.
Fechas: 25/26 de abril del 2026
Salida / llegada: Barcena Mayor
Distancia total: 88.400km
Dia 1: 38,51, 1616 positivos, 4 horas de pedaleo.
Dia 2: 47,900km, 1.051 positivos, 3:33 horas de pedaleo.


Comentarios

  1. Jose Enrique4/5/26 20:39

    Muy buen fin de semana, ademas de muy buen fotografo eres un narrador top top 😉👌👌

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