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A primera hora de la mañana paseando por el Niemeyer de Aviles








El sol ya se había levantado. Un tren nos llevo hasta allí. Otro tren me había colocado sobre Dichewemy con muy pocas horas de sueño. La noche mágica de Carnaval me había dejado muy buenas sensaciones y solamente deseaba compartirlas pero mi teléfono no encontró respuesta . Dejé distancia sobre mis compañeros y me dispuse a disfrutar del momento. Siempre es bonito interiorizar los detalles, las sensaciones y las palabras de esos segundos. Volveré a recorrer la misma senda del día anterior pero en distinta compañía y a otra velocidad. Mientras vuelvo sobre mis pasos recuerdo los detalles que te da el ir a cinco kilómetros por hora y pasan por mi retina los momentos de aquella tarde de invierno ...

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana