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Pasear es meditar






Nueve horas y media de paseo dan para muchas cosa, hablar, reír, sudar, sufrir, meditar, resbalar, palidecer y alucinar entre otras cosas. Pensaba mientras recorría los agrestes y aéreos paisajes de la canal de Urdón en muchas cosas. Pensaba en los problemas que hay hoy en día con el tema de las energías, pensaba en la suerte de poder recorrer parajes tan alucinantes a dos horas de la puerta de mi casa, pensaba en que todo el mundo debería de transitar por lugares parecidos y pensaba que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos deberían de tener la suerte de encontrar la naturaleza en el mismo estado que la he encontrado yo.
Creo que la música que te posteo te puede dar una idea de lo que por allí acontecia.ESCUCHALA.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana