Todos con una vida diferentes. Todos con sus problemas personales. Todos con sus expectativas vitales. Todos con su diferente carga emocional. Pero por una horas dejamos aparcadas esas cosas y nos unimos para cumplir con un ritual anual. Será una micro aventura especial. El vestirnos de ciclistas nos hace ver las cosas de otra manera. ¡Algo tendrá que ver el llevar ese coulotte tan ceñido a nuestras partes nobles! Este año he recorrido los 85 km de unen Gijón con Covadonga con un grupo de aguerridos ciclistas con ganas de juerga y necesidad de demostrar su buen estado de forma a sus compañeros de salida semanal. Pero un día encima de la bicicleta da para mucho más, sobretodo si por el medio hay un buen menú de comida y al final una birra y unos pasteles. He tenido el privilegio de llegar a Covadonga de la mano de un novato con un espíritu encomiable, compartir conversación con amigos entrañables, escuchar ejemplos de superación ante graves enfermedades que han hecho que mi corazón...