La propuesta era clara y tentadora: realizar la EVA Extraordinaria – Vuelta a Asturias a finales de junio. El creador de la ruta nos lanzó el reto acompañado de un nutrido grupo de amantes de la bicicleta; algunos muy, muy locos… y otros con una enajenación mental perfectamente diagnosticada.
La EVA es una ruta circular de 650 kilómetros y un desnivel acumulado que impone respeto: 18.000 metros positivos. Recorre el corazón de Asturias, alternando a partes iguales la dureza de la montaña con la belleza salvaje de la costa cantábrica. Está dividida en cinco sectores y cuenta con una sólida red de servicios que facilita enormemente la organización personalizada de las etapas para los futuros aventureros que se atrevan con ella.
El grupo lo formamos 12 personas que realizaremos la ruta completa, procedentes de distintos rincones: Asturias, Galicia, Málaga, Madrid y el País Vasco. A lo largo del camino se unirán compañeros de lujo: el mítico César de Asturcón, el Tigre de Torrestío; Martín, que afrontará las tres primeras etapas; y nuestra admirada Elena, que nos acompañará en las jornadas costeras.Ariel, como buen anfitrión, se ha encargado de todos los preliminares: ha diseñado las etapas y ha gestionado los alojamientos al final de cada una, regalándonos cierres de jornada memorables, de esos que se quedan grabados para siempre.
Estábamos citados el 27 de junio en el punto de salida para realizar el briefing, presentarnos y celebrarlo alrededor de una mesa repleta de cervezas y complicidad. Para algunos, era el reencuentro con la excusa perfecta: volver a hacer lo que más nos gusta. Para otros, el momento de poner rostro, por fin, a personas con las que solo habíamos compartido kilómetros virtuales a través de las redes. Y para todos, un instante para compartir nervios, inseguridades de la víspera, dudas del recién llegado y la inevitable incertidumbre sobre cómo serán nuestros compañeros de aventura durante una semana que prometía ser inolvidable
Salir de casa siempre tiene algo especial. A estas horas la ciudad apenas despierta y pedaleo por calles casi vacías mientras los pensamientos se adelantan a lo que está por venir. Conozco bien el recorrido; he colaborado en su diseño y, precisamente por eso, he decidido afrontarlo a mi manera. Serán menos kilómetros y un desnivel más amable, lo justo para permitirme ir sin prisas y disfrutar de la compañía de Ángel y Martín, que también han optado por esta alternativa. Mantendremos las mismas etapas, pero en las tres primeras reduciremos el kilometraje, lo que aliviará la fatiga y nos regalará más tiempo para parar, observar y compartir.
La salida por el carril bici que bordea la playa de San Lorenzo es uno de esos momentos que se quedan grabados. Todo el grupo pedalea animado, entre conversaciones cruzadas y risas espontáneas. Se suma Elena, que nos alcanzará dentro de unos días, y reaparecen viejos compañeros de batallas pasadas. El ambiente es inmejorable.
Abandonar Gijón implica enfrentarse pronto al desnivel, y apenas seis kilómetros después nos quedamos solos. El día se va cerrando y nos envuelve una atmósfera casi mágica en la subida a la Peña de los Cuatro Jueces: bosque, silencio y una niebla poética que acompaña cada pedalada. Con un ritmo disfrutón y buena compañía, el objetivo de hoy es Pola de Lena, aunque antes nos espera una batalla de las que se recuerdan.
Llegamos a Nava y, antes de encarar el coloso del día, hacemos una parada obligatoria. Hay bares donde se respira ciclismo por cada rincón, y este es uno de ellos. No es casualidad: estamos a punto de subir Les Praeres, uno de los finales más míticos de la Vuelta Ciclista a España.
Les Praeres no concede tregua. Son casi cuatro kilómetros de pura dureza, con una pendiente media del 12,9 %, rampas que superan el 24 % y tramos finales de hormigón que ponen a prueba cabeza y piernas. La temperatura ha subido notablemente y el sol nos acompañará ya hasta el final de la jornada. Aun así, las vistas compensan el esfuerzo y cada parada confirma que estamos viviendo algo especial.
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Formamos un trío singular: un gallego de Lugo, Ángel —asturiano de Infiesto— y quien escribe. A Martín, además, le llevaremos a conocer a Aladino y al venado que vive con él en el bar del alto de Les Praeres, un reclamo tan curioso como potente que ha convertido la zona en un lugar muy concurrido.
Vamos por delante del grupo, lo que nos permite tomarnos con calma las durísimas rampas de hormigón que conducen al albergue de Fayacaba, otro enclave imprescindible de la ruta y futuro refugio de más de un aventurero de la EVA. Parada obligada: tertulia, cerveza y charla con el joven andaluz que acaba de tomar las riendas del negocio. Todo apunta a que no defraudará.
Lo más duro del día ya ha quedado atrás, pero aún no podemos relajarnos. Antes de llegar a San Martín del Rey Aurelio afrontamos nuevas subidas de cemento y, después, un descenso tan divertido como exigente por senderos estrechos y agresivos.
A media tarde, mientras recorremos el corredor del Nalón en dirección a La Felguera, somos testigos de lo que quedó tras el cierre de las minas. El paisaje ha cambiado, pero el carácter de sus gentes sigue intacto. Hacemos varias paradas y las conversaciones, sinceras y profundas, van directas al corazón.
En La Felguera nos desviamos para subir por una preciosa carretera hasta Santirso. Desde allí, una bajada tendida nos conduce primero a Barredo y, después, un entretenido laberinto de caminos nos deposita en Pola de Lena a media tarde, con 105 kilómetros en las piernas y 2.662 metros de desnivel positivo.
Nuestros compañeros irán llegando con cuentagotas durante las horas siguientes, todos con la misma expresión de cansancio satisfecho y con un objetivo común: una cena contundente en lo gastronómico y memorable en lo humano, porque las mejores historias siempre se cuentan alrededor de una mesa.
Día 2 29 de junio 2025
Pasaremos por su pueblo, Torrestío, donde lo apodan el Tigre (no dejéis de preguntar por él). Allí esconde uno de los tesoros más apreciados de la zona, guardado en su casa, situada —por cierto— a la salida del pueblo en dirección a La Farrapona.
Nuestro grupo tomará la dirección contraria al pelotón mayoritario. Optaremos por una salida más tranquila, comenzando con la subida al Alto del Cordal y continuando por el Cuchu Puercu. Serán unos 30 kilómetros hasta el desvío al Gamoniteiro, casi todo por carretera y con pendientes más amables que las del recorrido original. Una jornada ideal para la charla: compartiremos kilómetros con un cicloturista de largo recorrido que nos irá relatando sus viajes por América, mientras observamos cómo están acondicionando la mina de La Soterraña, una antigua mina de mercurio marcada por una historia tan dura como olvidada.
En el Alto de la Cobertoria volveremos a reunirnos con el resto del grupo para afrontar una bajada trepidante hasta Santa Marina. Parada obligatoria para una cerveza, unas risas y recuerdos imborrables. La anécdota que vivimos allí bien merece una entrada aparte.
La segunda mitad del día se completa con la subida al puerto gravelero de Trobaniello y, más adelante, la ascensión al punto más elevado de la ruta: La Farrapona. Allí es imprescindible detenerse en Will Somiedo, una foodtruck que, además de oasis en medio del esfuerzo, es un ejemplo claro de emprendimiento local y turismo sostenible.
El cierre de etapa será una preciosa bajada hasta Saliencia, donde nos espera un merecido descanso en un albergue regentado por una mujer que transmite amor auténtico por la montaña y la naturaleza.
Martín y Ángel me han regalado un día inolvidable, de esos que lo tienen todo: puertos míticos de la Vuelta a España, calor sofocante en las pistas de La Farrapona y el privilegio de compartir unos kilómetros de trashumancia junto a pastores de La Bañeza.
La jornada terminará con una cena tranquila, sin abusar del alcohol, aderezada con un sinfín de historias de nuestros compañeros ultrafondistas. Relatos en los que, a veces, hemos sido protagonistas y, otras, simples y afortunados espectadores.
El albergue de Saliencia fue un auténtico oasis en mitad de la ruta. Vivimos esa clásica tarde-noche de camaradería que reconforta el alma, de las que te recuerdan por qué sigues viajando en bicicleta y conociendo gente. Un lugar con vocación de revitalizar la zona y el pueblo, gestionado con alegría, sensibilidad y un marcado compromiso ecológico, donde los ciclistas se sienten no solo bienvenidos, sino en casa.
A la mañana siguiente, en la salida, el grupo se fragmenta. Ellos afrontan una etapa preciosa, pero de una dureza extrema. Lo nuestro va por otro camino. Tomamos la carretera comarcal AS-227, una delicia para pedalear, que nos pone las cosas mucho más fáciles. Atravesamos pueblos llenos de encanto en una mañana perfecta para rodar, siempre en suave descenso: un auténtico regalo para comenzar el día. Temperatura ideal, ritmo alegre y una velocidad media elevada nos conducen hasta Belmonte de Miranda, donde hacemos un alto para visitar el Museo del Oso y sentarnos tranquilamente en un café. Desde allí disfrutamos de esas escenas tan propias de los bares de pueblo, pequeñas ventanas a la realidad cotidiana que dicen mucho más de lo que parece.
Hasta Cornellana el trayecto sigue siendo un agradable paseo, aunque antes nos aguarda la sorpresa del día. Nos detenemos en Silviella para hacer una incursión en la historia a través del Museo de las Ayalgas, de carácter etnográfico e industrial. Martín, gran apasionado de la historia de la Segunda Guerra Mundial, queda absorto ante lo que encontramos allí. Tenemos la oportunidad de contemplar armamento pesado de la época y los restos de una recreación realizada apenas unos días antes.
Tras cruzar Barzana y ya por la AS-15, alcanzamos La Rodriga, donde nos desviamos para visitar la casa-museo de Tino y saludarle. Un lugar que invita a detenerse sin prisas y una persona con una vida profundamente ligada a otro tiempo, admirable desde cualquier punto de vista.
La parada en Cornellana es obligatoria: carajillo en mano, contemplamos el Real Monasterio de San Salvador, fundado en 1024 y declarado Monumento Histórico-Artístico. En ese momento nos adentramos de lleno en el Camino de Santiago, y no se nos ocurre mejor forma de hacerlo que pasando por este enclave clave del Camino Primitivo.
Comienzan a aparecer los primeros peregrinos y tenemos ocasión de demostrar nuestra pericia sobre las bicicletas en senderos estrechos y pedregosos que nos acompañan hasta Tineo. El día está espectacular y en Salas hacemos una pausa para el bocadillo del mediodía y para refugiarnos del calor intenso que nos escolta. Allí volvemos a encontrarnos con nuestros compañeros de ruta, entusiasmados tanto por la belleza del recorrido como por la dureza que han tenido que afrontar. Han disfrutado de las vistas imponentes del Alto de La Magdalena, recorrido las pistas de los Puertos de Marabio, conocido Cuevallagar, pasado por Fancuaya —final de etapa de la Vuelta Ciclista a España— y enlazado con el Camino de Santiago en Grado.
La salida de Salas nos regala la cascada de Nonaya, a la que llegamos atravesando un frondoso bosque que nos protege del sol. Muy distinto será el ascenso hacia Porciles, donde toca empujar la bicicleta por un terreno empinado y pedregoso. Aun así, lo peor ya ha pasado y lo que resta es más llevadero. Alcanzamos La Espina envueltos en una niebla espesa que nos recuerda lo cambiante e imprevisible del clima asturiano. Sin detenernos, dejamos atrás Tineo y varios pueblos llenos de encanto hasta llegar a Campiello, donde pasamos la noche.
En Casa Herminia nos espera una comida estupenda, risas a raudales y un sinfín de anécdotas protagonizadas por Pillu, Fran, Eugenio, Sevi, Jon Kepa, Ángel Espina, Luis el Cubano, Martín, Vicente y Ari. Todos coincidimos en lo mismo: una organización impecable, paisajes sobrecogedores y una ruta tan impresionante como exigente.
Día 4 1 de julio 2025
Amanecimos en Campiello con un cielo plomizo y una fina llovizna que invitaba a tomarse el día con calma. Mientras veíamos partir a algunos compañeros, nos desperezábamos alrededor de un desayuno reconfortante en Casa Herminia, saboreando ese primer momento de tregua antes de volver a la aventura.Nuestro camino volvió a cruzarse con el track de la EVA en Barzanallana. Rodeamos el puerto de La Marta y, primero por la TI-3 y después por la AS-219, retomamos la ruta por una carretera magnífica, casi desierta. Un trazado perfecto para disfrutar del pedaleo de nuestras fieles monturas y para charlar, sin prisas, de lo divino y de lo humano. El recorrido nos fue regalando pueblos con alma como La Cabuerna, Bárcena del Monasterio o San Martín de Forcallao, hasta alcanzar Navelgas, distinguido como Pueblo Ejemplar de Asturias en 2003. Su arraigada tradición en el bateo de oro se palpa en cada rincón, y su Museo del Oro bien merece una visita pausada.
Cuatro kilómetros más adelante nos aguardaba el gran desafío del día: diez kilómetros de ascenso hasta el alto del Segredal. La mayor parte del trazado discurre sobre asfalto, con rampas exigentes que ponen a prueba las piernas, aunque también nos obsequia con algunos tramos de pista que añaden carácter a la subida.
La mañana fue abriéndose poco a poco, pero al llegar al Alto del Segredal una niebla espesa nos envolvió por completo. El ambiente, solitario y casi onírico, sirvió de excusa para que mis compañeros compartieran historias de la Basajaun, la carrera de ultradistancia en la que se conocieron y forjaron una amistad inquebrantable.
En el Alto de la Bobia la bruma persistía. Nos detuvimos a contemplar una escena de postal: rebaños de vacas y caballos pastando libremente, ajenos a todo. A cambio, la niebla nos robó la panorámica sobre la ría de Navia y el mar Cantábrico, un pequeño precio por la magia del momento.
Por detrás comenzaron a alcanzarnos compañeros que ya venían con una buena “tostada” en las piernas. El primero en adelantarnos fue Sevi, un auténtico roble sobre la bicicleta, capaz incluso de enfrentarse al bonus track del Gamoniteiro en la segunda etapa. Muy cerca rodaba Luis el Cubano, curtido en mil viajes y con un espíritu inagotable. Nosotros, fieles a nuestro ritmo, seguimos a lo nuestro.
La recompensa llegó en forma de una bajada serena por carretera hasta Luarca, donde Martín se despediría del grupo. Rodamos esos kilómetros con la melancolía de cerrar un ciclo y, al mismo tiempo, con la ilusión de compartir las dos últimas etapas todos juntos.
En La Regalina, Pillu sacó su dron para regalarnos un recuerdo inolvidable en forma de vídeo. Más adelante, tuvimos tiempo de parar a comer una hamburguesa memorable en el casi centenario Cai Milio, gracias a la foodtruck de Julio . Un auténtico oasis en el camino, muy recomendable todo lo que allí se cuece.
Pasado San Juan de la Arena y ya camino de Vegarrozadas, el amigo Eugenio nos tendió una pequeña emboscada: una pista preciosa, sí, pero con un desnivel considerable y barro en abundancia. Aun así, mis compañeros tienen ángel, y el de Eugenio se manifestó de la mejor manera posible: invitándonos a merendar en su casa, situada a escasos metros de nuestra querida EVA. Siempre digo que gestos así son palabras mayores. Alguien que te da de comer y te ofrece una manguera para dejar tu bicicleta como nueva ya juega en otra liga de amistad.
Llegamos sin sobresaltos al Camping Santa María del Mar, donde disfrutamos —en mi humilde opinión— de la mejor cena de toda la ruta. Sin móviles sobre la mesa, con el grupo al completo conversando, compartiendo opiniones y poniendo palabras a todo lo vivido en las jornadas anteriores. Nos fuimos a la cama con una buena dosis de pizza en el cuerpo y con ese pellizco en el estómago que deja saber que esta historia, tan intensa y tan nuestra, estaba a punto de llegar a su final.
Día 3 de julio 2025
A primera hora del día nos encontramos en la playa de Santa María del Mar, donde nos recibe una mañana luminosa y prometedora. La foto de rigor sirve para sellar el inicio de la aventura y para felicitarnos por lo bien que ha salido todo hasta ahora. Por delante nos esperan unos 75 kilómetros y un recorrido que conocemos bien, ya que en gran parte discurre por caminos y senderos habituales de nuestras salidas de fin de semana.La ruta avanza pegada a la costa por lo que en su proyecto inicial se denominó la Senda Norte. Hoy es una red de caminos, unos asfaltados y otros de grava en buen estado, siempre salpicados de rampas cortas pero exigentes, con desniveles que obligan a apretar los dientes y disfrutar del esfuerzo.
Parada obligatoria en Arnao para contemplar, aunque solo sea desde el exterior, el museo de la Mina. Desde allí enlazamos con una pista divertidísima que nos conduce hasta Salinas. La pausa en La Luna resulta especialmente reconfortante: un café caliente y unas vistas serenas del Cantábrico nos recargan por dentro. A partir de ese punto, las bicicletas se lanzan a toda velocidad hacia Avilés, donde nos sorprende la majestuosidad del Niemeyer. Tras atravesar una zona industrial en la que conviene extremar la precaución, ponemos rumbo al faro de San Juan, Xagó y las playas de Verdicio, donde hacemos un breve descanso en el mítico chiringuito del Rayo Verde.
El resto de la jornada nos conduce hasta el imponente Cabo Peñas. Siguiendo la misma senda costera, en un trazado bastante agradecido, pasamos por Llumeres y Bañugues hasta alcanzar Luanco. Como fue durante años el atio de mis recreos, voy desgranando anécdotas sin parar mientras pedaleamos, hasta llegar a Candás, donde la parada para el helado en el archifamoso Hermanos Helio es innegociable.
Desde allí, ya del tirón hasta Gijón. Parece que nos invade el síndrome del caballo desbocado, frenado en seco por el espectacular parque de carbones de Aboño y, sobre todo, por el durísimo desnivel del camino del Regatón, que en algunos tramos alcanza un temible 27 %. Superado ese escollo, lo que queda es un paseo triunfal hasta la plaza del Marqués.
En las Letronas hacemos las últimas fotos. Todo son abrazos, sonrisas y la satisfacción de haber completado la EVA, confirmando que el recorrido diseñado por Ariel Barletta es, sencillamente, extraordinario.
La convivencia con este grupo de bicilovers ha sido excepcional. De todos he aprendido algo: experiencia, compañerismo y una empatía especial que solo comparte quien mira el mundo de la misma manera. Desde esta bitácora solo cabe el agradecimiento sincero por la compañía y por las vivencias compartidas durante estos días.
Porque toda aventura termina al cruzar el umbral de casa. Yo tengo, además, la enorme suerte de llevar a mi compadre Ángel hasta Infiesto: una hora de coche que se convierte en la prolongación perfecta del viaje, recordando y saboreando una experiencia que ya forma parte de nosotros.
Ficha técnica de la ruta
Nombre: EVA
Fechas: del 28 de Junio al 3 de julio de 2025
Salida / llegada:
Distancia total: 345 km
Etapas:
- Gijón/Pola de Lena
- Pola de Lena-Saliencia
- Saliencia-Campiello
- Campiello-Luarca
- Luarca-Santa Maria del Mar
- Santa Maria del Mar-Gijón
Dificultad física: alta
Dificultad técnica: Media
Bicicleta recomendada: Gravel con buen desarrollo y Btt
Época del año recomendada: Primavera, verano y otoño.
Enlaces de interes.
Track de las 6 etapas que realizó el que os escribe
Pillu Machine Video de la ruta. Una narración muy top y con el sentido del humor y la narración de un tipo maravilloso
El coleccionista de puertos. Viaje en solitario y documenta la ruta de una manera magistral.
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