miércoles, 18 de febrero de 2026

Bikepacking por las Rías Altas – 4/8 de agosto de 2025

 


4 de agosto 2025 Gijón/ Viveiro/ O Barqueiro

Seguimos adelante con el plan que trazamos hace un par de años: recorrer, sin atajos, todo el litoral gallego. Esta vez lo hacemos de la mano de un pescador curtido, conocedor de los secretos que esconde esta costa indómita. Cinco días de ruta pegados a los acantilados, buscando siempre la grava, las carreteras secundarias y el rumor del mar como compañero constante.

La aventura comienza con un madrugón y un tren de cercanías rumbo a Viveiro. Un trayecto lento, casi hipnótico, que nos permite descansar, mirar por la ventana y dejarnos invadir por esa mezcla de nervios e ilusión que solo aparece antes de algo grande.El recorrido lo hemos diseñado tomando como referencia el track de un viejo amigo, alma mater de Btt Asturcon, cuyos consejos han sido clave para equilibrar etapas y mantener el espíritu del viaje: avanzar sin prisa, disfrutar y conocer cada rincón con calma.



Partimos de Viveiro al mediodía, bajo un sol generoso y con un viento amable que cualquier bikepacker firmaría. Cruzamos el concello de O Vicedo por el Camino Natural de la Ruta del Cantábrico, encadenando playas infinitas y dunas impecables como las de San Román, Abrela y Xilloi. Desde los acantilados divisamos la isla Coelleira, suspendida sobre un mar azul profundo. Un firme de grava impecable nos conduce hasta O Porto do Barqueiro, tras cruzar el icónico Ponte Vella (1901), que une Mañón (A Coruña) y O Vicedo (Lugo) sobre la ría del río Sor.
Ya sin alforjas, ascendemos hasta la Estaca de Bares, donde el viento y la multitud contrastan con nuestro momento más íntimo: un banco frente al faro, una charla con Juana y Pepito, memoria viva del mar.

Primera jornada superada. Acantilados, playas vírgenes y relatos de pesca. Esto no ha hecho más que empezar.

5 de agosto de 2025 · O Barqueiro – Cariño

El día amanece limpio y brillante, con ese cielo azul que promete kilómetros memorables. Sin prisas excesivas, nos despedimos de O Barqueiro con una temperatura perfecta para pedalear y la sensación de que la jornada será de las que dejan huella.

Abandonamos el concello de Mañón por una pista de grava en excelente estado que atraviesa el cabo y nos conduce hasta Punta Vilardeira. Desde allí, una bajada rápida y divertida nos lanza hacia la playa de Lousido y, poco después, a O Picón. El trazado es ágil, cambiante, salpicado de pasarelas de madera impecables que nos permiten avanzar casi flotando sobre el paisaje.

Tras superar algún que otro desnivel, alcanzamos el famoso banco de Loiba. La calma que nos había acompañado durante la mañana se rompe por unos minutos: decenas de visitantes se acercan atraídos por la panorámica. Y no es para menos. Las vistas son imponentes, abiertas al infinito del Cantábrico.


Volvemos a las pistas solitarias, al silencio de los espacios naturales alejados de los núcleos urbanos. Pedaleamos conversando sobre historias de pesca, mareas bravas y jornadas interminables en el mar. Casi sin darnos cuenta, llegamos a Espasante, donde toca avituallarse y comer tras recorrer el pueblo con la playa como telón de fondo y alguna charla improvisada con vecinos.

La ruta continúa por Ortigueira, Ponte de Mera, Veiga y Figueiroa, con parada obligada en su mirador. Cerramos etapa en Cariño, no sin antes detenernos en la Praia da Basteira y la playa de A Concha.

                                                                                                         Ya en el puerto, brindamos con una cerveza antes de buscar descanso. La noche nos espera en el Hostal Restaurante Cepa, un rincón con alma marinera donde las historias de mar y pescadores alargan el día hasta casi apagarlo.











6 de agosto de 2025 · Gijón – Cariño – Valdoviño


Con la resaca de historias marineras aún rondándonos la cabeza, despertamos en Cariño y desayunamos a primera hora en el hostal-restaurante Cepa. Allí coincidimos con varias parejas valencianas que, casualidades del camino, estaban realizando un recorrido muy similar al nuestro. Ese tipo de encuentros que solo se dan cuando viajas despacio.

La mañana amanece fría, envuelta en el típico orballo gallego. Salimos por la parte alta del pueblo y tomamos un carril acondicionado que acaba confluyendo con la carretera del Cabo Ortegal. Las vistas me sorprenden de inmediato y el viento, constante y serio, me hace tomar conciencia de la grandiosidad del lugar. Mi compañero de viaje sigue relatándome historias de pescadores, relatos duros donde la lucha contra los elementos es siempre la protagonista.

El tiempo no mejora. El viento nos acompaña sin tregua mientras atravesamos la Sierra de la Capelada, disfrutando —a ratos con respeto— de los acantilados más altos de la Europa continental. Es, sin duda, el tramo más espectacular de la etapa. Nos dirigimos hacia San Andrés de Teixido, parada obligatoria del día, aunque antes nos detenemos en el Mirador do Cruceiro de Teixido para contemplar la placa en memoria del actor Leslie Howard, que recuerda el derribo de su avión por la Luftwaffe alemana el 1 de junio de 1943.

San Andrés de Teixido nos devuelve de golpe a la Galicia más turística, abarrotada de visitantes. Imposible olvidar la “tremenda” tortilla —de dudosa artesanía— que nos sirvieron. Todavía hoy sigue siendo motivo de risas en nuestras salidas graveleras. Aun así, sería injusto marcharnos sin reconocer que es un lugar cargado de simbolismo y magia.


Por carreteras tranquilas llegamos a Cedeira, completamente en obras, y recorremos la inmensa Playa de la Madalena. Salimos del pueblo por una dura subida que nos obliga a alternar carreteras y pistas hasta alcanzar la famosa Playa de Pantín, donde nos detenemos a empaparnos del ambiente surfero que se respira en cada rincón.

Antes de terminar la jornada, nos paramos en el Miradoiro de Paraño y comentamos la increíble variedad de terrenos por los que hemos rodado: asfalto, pistas en perfecto estado y bajadas potentes que nos conducen hasta Valdoviño con la sensación nítida de haber vivido una etapa memorable sobre nuestras queridas bicicletas de gravel.


Como anécdota final del día, cabe destacar que dormimos en un lugar que, además de alojamiento, ofrecía… servicios funerarios para la zona. Galicia, una vez más, dejándonos historias imposibles de olvidar.



7 de agosto 2025 Valdoviño-Ferrol

Muy recomendable el desayuno en el Hotel Valdoviño Express, acompañado de unos dueños llenos de anécdotas, totalmente admirables y un ejemplo vivo de lo que significa ser un gallego emprendedor.


Tras un desayuno contundente y una conversación de las que dejan poso, empaquetamos nuestras pertenencias y nos lanzamos a la ruta. Por delante nos esperan unos 70 km hasta el destino final. Será, sin duda, la etapa más gravelera de todo el viaje y, fieles a la tónica general, rodaremos pegados a la costa casi en todo momento. Volveremos a acercarnos a playas donde las pasarelas —generalmente en buen estado— nos regalan su música característica bajo las ruedas, mientras seguimos saboreando arenales salvajes y muy poco concurridos.

Nos sorprende el Faro de Punta Frouxeira, todavía en el concello de Valdoviño. Construido en 1992 con un diseño vanguardista, nos detenemos para disfrutar de unas vistas espectaculares. La salida la hacemos por un antiguo camino de pescadores, lleno de dunas que ponen a prueba nuestra destreza sobre la bicicleta.

Disfrutamos de lo lindo pedaleando por pistas en un constante sube y baja, siempre en buen estado, que nos conducen hasta el Cabo Prior, pasando por playas tan bonitas como Campelo, Lopesa, Sartaña y Santa Comba. En este punto, las vistas son simplemente maravillosas. Aquí se conservan los restos de las antiguas baterías costeras, donde impresiona la magnitud de las edificaciones militares: búnkeres, casamatas, túneles y restos de la guarnición. La visita es obligatoria, así que nos regalamos un pequeño tour entre estas construcciones cargadas de historia.

Para llegar a Ferrol todavía nos queda un buen trecho. Comenzamos con un tramo de camino muy roto que, en apenas dos kilómetros, da paso a una pista preciosa. Tras recorrerla, enlazamos con un sector de asfalto que nos lleva directos al centro. Este último tramo nos deja boquiabiertos gracias a la impresionante bahía y a todo el bullicio que la rodea. Pasamos junto a las casas de pescadores de A Graña y, finalmente, llegamos a nuestro destino por un agradable carril bici.

El alojamiento nos lleva su tiempo. Damos con un hotel en el que parece que el reloj se detuvo hace años y que deja claro que vivió tiempos mejores. Aun así, hay margen para hacer algo de mecánica: las bicicletas dormirán bien custodiadas en un pequeño cuartucho de un garaje colindante.

El paseo por la zona de restauración resulta todo un éxito. Además de cenar estupendamente, tenemos la oportunidad de conocer de primera mano la complicada realidad actual de los autónomos que trabajan en el sector

8 de agosto 2025 Ferrol-Santiago

Como en todo el viaje, el desayuno no solo nos sirve para reponer fuerzas, sino también para planificar la jornada con calma. Hoy la ruta cambia de manera drástica: el objetivo es llegar a Santiago de Compostela siguiendo el Camino Inglés. Por delante nos espera una etapa de más de 100 kilómetros que promete convertirse en otra gran jornada de cicloturismo.
Nada más salir de Ferrol llega la primera sorpresa del día: el barrio de Canido, famoso por sus grafitis y por ser el escenario de la Ruta de las Meninas. Desde 2008, este barrio acoge más de 300 murales y pinturas inspiradas en la obra de  Velázquez, transformando sus calles en un museo al aire libre y en un referente nacional del arte urbano. Como no podía ser de otra manera, nos detenemos unos minutos para disfrutar del ambiente que se respira a primera hora en un lugar tan diferente.


A continuación llega el momento más complicado del día. La salida de Ferrol resulta caótica, con mucho tráfico y una navegación complicada incluso para nuestros GPS. Sin embargo, una vez cruzado el puente y ya en la zona de Neda, todo cambia por completo. Comenzamos a saborear el auténtico espíritu del Camino de Santiago. Decenas de peregrinos se cruzan en nuestra ruta y ese ambiente tan especial, que todo lo impregna, nos hace pedalear con alegría y a un ritmo constante.

Pasamos por Pontedeume, muy concurrido, donde una pequeña equivocación nos obliga a retroceder y retomar la senda con calma. Más adelante, cuando el sol ya empieza a apretar de verdad, hacemos parada en Betanzos. Nos sentamos en una terracita para degustar sus famosas tortillas y vivimos uno de los grandes momentos del día. Turismo y vida local se mezclan en un cóctel perfecto que nos alegra la mañana.

El camino continúa con un constante sube y baja, alternando carreteras regionales en muy buen estado y pistas por las que las bicicletas corren con facilidad. En un momento dado optamos por la nacional para avanzar más rápido, pero enseguida nos damos cuenta del error y regresamos al Camino. El flujo de peregrinos ha disminuido y, con la solana que cae, apenas encontramos pequeños grupos. Solo al detenernos descubrimos algunos bares llenos de caminantes, algo comprensible cuando el termómetro llega a marcar hasta 40 grados.

Desde Sigüeiro hasta Santiago hacemos el tramo del tirón, disfrutando especialmente de unas pistas rapidísimas y con un firme espectacular. Así llegamos a Santiago de Compostela tras completar 110 kilómetros y acumular nueve horas de bicicleta en las piernas.









Nos sentamos en la Plaza del Obradoiro con una sensación difícil de describir, saboreando el final de la etapa. Poco después ponemos rumbo a nuestro destino, el Albergue A Casa do Boi, donde nos espera una velada especial, arropados por la familia de mi querido compañero de viaje.


9 de agosto 2025 De vuelta a casa.


Nos despierta al amanecer el típico ajetreo de los peregrinos, para quienes la jornada comienza casi siempre al alba. Para nosotros, sin embargo, el día amanece como una suave resaca de emociones y momentos vividos. Un espléndido desayuno nos reúne entre conversaciones pausadas y comentarios cómplices sobre lo que ha dado de sí este viaje. Ya llevamos unos cuantos kilómetros en nuestro proyecto de recorrer la costa cantábrica y atlántica. En esta bitácora —y más adelante— hablaremos de las Rías Baixas, de su Camino de los Faros y del camino hasta Nazaré que nos hemos marcado en estos últimos años. Pero eso quedará para otras entradas.

En el albergue mantenemos una conversación tan larga como sabrosa con el dueño, otra historia de emprendimiento admirable, de esas que se construyen a base de trabajo, cercanía y una forma de entender el negocio donde el cariño y el buen servicio sobresalen muy por encima de la media. Recogemos las bolsas, las ajustamos a nuestras queridas bicicletas de gravel y, antes de ponernos al volante para afrontar los kilómetros de vuelta, recibimos una invitación inesperada: una comida extraordinaria en casa de unos familiares de mi compañero de viaje.

Quien escribe valora cada vez más esa hospitalidad sincera: ese gesto tan sencillo y tan grande de ofrecer comida, tiempo y conversación a personas a las que apenas conoces. Y casi siempre ocurre lo mismo: las buenas charlas, las anécdotas compartidas y el buen rollo terminan dando verdadero sentido a este tipo de viajes. Porque al final, más allá de los paisajes o los tracks bien diseñados, lo esencial son las personas que te encuentras por el camino y, sobre todo, la persona con la que decides recorrerlo. En ese sentido no podemos estar más satisfechos: todo ha salido rodado. El tiempo ha sido magnífico, el recorrido ha funcionado a la perfección y la sintonía ha sido total, respetando en todo momento los intereses del otro y llevando un ritmo acorde a la condición física de ambos. Viajar así es un lujo silencioso que no siempre se valora lo suficiente.

En el tintero se quedan encuentros preciosos: el cicloturista de Alicante, la historia de la tortilla de Teixido, la fotografía de la funeraria de Valdoviño… y muchas más escenas que seguramente podré contar en persona a quienes hayáis tenido la paciencia —y las ganas— de llegar hasta esta última  linea. 

Ficha técnica de la ruta

Nombre: Rías Altas
Fechas: del 4 al 9 de agosto de 2025
Salida / llegada: Gijón – Santiago de Compostela
Distancia total: 345 km

Etapas (con enlace a los tracks):

  1. Viveiro – O Barqueiro

  2. O Barqueiro – Cariño

  3. Cariño – Valdoviño

  4. Valdoviño- Santiago de Compostela

Dificultad física: Media

Dificultad técnica: Media

Bicicleta recomendada: Gravel

Época del año recomendada: Primavera, verano y otoño

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