Se pasan el fin de semana volando con sus bicicletas. Cada truco que les sale una inmensa alegría ya que llega después de centenares de intentos. Les he vista caer y hacerse daño. Les he oído gritar y marcharse para casa rotos. Pero cada vez que he vuelto, allí estaban y seguían con su sonrisa y sus conversaciones, con sus cascos y su música inspiradora. Supongo que su música no suena como la mía pero seguro que dentro de unos años se valorará en su justa medida.

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