Merecidas comidas después de una gran ruta. Nada mejor que llegar rendido después de cuatro o cinco duras horas de pedaleo. En las salidas por mi localidad es un placer llegar a mi hogar y comerme un buen plato de pasta con setas y un buen queso azul. Eso es lo que me ha sucedido este fin de semana. He podido hacer dos preciosas jornadas acumulando más de 9 horas de ruta y cerca de 4000 metros de desnivel acumulado. No he tenido tiempo para sacar fotos, Supongo que lo podréis entender, pero la grupetta que me acompañaba no me ha dado ni un respiro.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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