Les encanta sentir el viento en su cara. Los vemos en las traseras de las bicis o en los cestitos que cuelgan del manillar. Sus dueños los llevan a todas partes y siempre despiertan admiración.
En la imagen el último que he podido retratar. Orgulloso y vestido como su dueño no se quiso perder el bonito paseo dominical de La Toralé Casiqué de este año.

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