Y llegó el momento de la verdad. Nos ponemos el coulotte corto, nos depilamos las piernas y de momento todo normal. Pero al llegar el instante de colocar el maillot nos damos cuenta del paso del tiempo. Ese maillot no nos queda todo lo bien que nos imaginábamos. Te han salido unas curvas raras y un flotador que llega el momento de lucir. Las piernas blancas y la barriga inminente. Nos damos cuenta que tendremos que sufrir en las subidas y que tendremos que trabajar duro para tener una imagen digna. Imagen digna de nosotros mismos. Las cervezas, las cenas, los pinchos del medio día, en definitiva la buena vida ha dejado su muesca en nuestro cuerpo. Tendremos que luchar contra todos estos inconvenientes y tendremos que disfrutar de losa buenos momentos que sin duda llegarán.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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