Nos hemos pillado una buenas mojaduras este fin de semana. La primavera nos estimula a andar en bicicleta y el tiempo no deja de ser un pequeño inconveniente.Pero cuando lo haces en compañía es diferente. Tuve la suerte de encontrarme inmerso en una de esos tremendos momentos. Lluvia a mares, sonido de truenos y luz de rayos surcando el cielo. El tiempo justo para ponernos el chubasquero y mojarnos de igual manera. Ya calados hasta los huesos, nos refugiamos bajo un puente y curioso la cantidad de incautos que compartían situación. Pero amigos, una buena compañía y sobre todo una compañía positiva obra milagros.
Superada la tormenta solamente te queda el cuerpo calado hasta los huesos y ese momento tan especiales, ese instante en el que los olores y el ambiente son diferentes y únicos. Ese instante que tan bien conocemos los que salimos a andar en bicicleta en cualquier época del año.















