Hoy me siento afortunado de vivir en una ciudad pequeña y muy cerca del montaña. Menudo lujazo poder planificar una tarde de bicicleta para ver el atardecer desde las montañas que rodean mi ciudad. No puedo sentirme más afortunado, un trabajo que me permite el lujo de hacer una ruta de tres horas en un precioso día de otoño. He podido ver a menos de un metro un zorro que parecía querer volver a la ciudad conmigo y como colofón del día partido de baloncesto.Y la alegria de tener un equipo que cree en la fuerza del grupo y además gana a Francia en su propia casa, ante 27.000 personas. Pues nada ya toca ir para la cama con alegria en el cuerpo. El fin de semana esta aquiiiiiiiiiiii.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

Buen día, si señor.
ResponderEliminarok querido amigo
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