Mientras ellos comían sus bocadillos, nosotras hablábamos de nuestras cosas. Ese día nos llevaban por senderos tranquilos y con unas vistas espectaculares.Al igual que ellos, esa velocidad nos permitía ir hablando de nuestras cosas. Era un lujazo no volver a nuestro trastero en los próximos días. La luz del atardecer y el cansancio de toda la jornada nos hizo abrir nuestros corazones. Nos sentíamos las más afortunadas del mundo. Nos han fabricado para rodar, rodar y rodar. Si nos tratan bien mucho mejor. Esa sensación de felicidad al final del día es muy reconfortante. Y por delante nos quedaban todavía muchas cosas. Nuestros dueños nos habían puesto a punto, no hacíamos ni un ruido y estábamos finas, finas.
Y todavía había más. Nuestro destino era incierto, la planificación había dejado un espacio a la improvisación y a lo que los caminos dictasen. Nos despedimos con un "buenas noches" y en nuestros sueños ya estaba la próxima jornada
No hay comentarios:
Publicar un comentario