Estábamos allí y fuimos testigos de todo.
Se detuvieron unos instantes, intercambiaron unas palabras, se besaron y otra vez a correr. Un lugar tranquilo, las primeras luces de la noche y el leve rumor de las olas como únicos testigos.
Nos apuntariamos todos y estoy seguro que Emmylou Harris y Roy Orbison saben de que hablo.

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