Ya se acaba el día y ha sido un perfecto día de otoño. Sentado delante de mi ordenador busco una imagen, una imagen para ilustras la preciosa canción que acaricia mis oídos. Los auriculares me aislan totalmente del exterior y ese solo de guitarra tan dulce te hace sentir muy bien. La escucho una y otra vez mientras aporreo mi portátil. Y ahora y hoy toca dejar la mente en blanco y escuchar y escuchar esa virtuosa guitarra.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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