En ocasiones nuestras bicicletas nos llevan a lugares insospechados y en los que el pedaleo va de otra manera. A mi me ha sucedido hace unas horas. Mi querida brompton me ha llevado a la fría sala de espera de la comisaría de mi ciudad. Me he pasado unas tres horas largas viendo la cruda realidad de la vida pasando delante de mi retina. Tus problemas se quedan en nada cuando ves el dolor y los golpes marcados en el rostro de una mujer. O ves la mirada buena de un niño que tiene que soportar el odio y la violencia que se genera a su alrededor. Tampoco es de buen gusto ves entrar a una madre con su hija preadolescente por la puerta principal de la comisaría. Puedes ver el miedo en sus miradas. Puedes verlas asustadas y sobre todo indefensas. Puedes suponer cosas que no son buenas para nadie y menos para un menor. Al diablo con mi problema y con mi pequeño susto. No esta mal pararse a pensar y escuchar la música que sonaba en aquella sala y ver que en medio de todo eso te encuentras la amabilidad de la representante de la ley o la suavidad de la chica del turno de oficio o la paciencia del que te habla y su obligada compañía.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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