Teníamos necesidad de parar en aquel polvoriento sitio.
Teníamos necesidad de compartir una cervezas mientras los enormes camiones nos llenaban de polvo.
Teníamos necesidad de que nuestras caras jóvenes recuperaran el brillo y la alegría.
Teníamos necesidad de recordar nombres, caras y situaciones de aquellos tiempos.
Teníamos necesidad de saber por donde va la filosofía de vida o que se yo.
Pero lo que no era necesario era pasarse el control de aduanas de una manera tan descarada.
No era necesario tener que mentir a la autoridad portuaria.
No era necesario pegarse ese acelerón para evitar que aquellos mastodontes cargados de cemento nos aplastasen.
No era necesario hacerse el tonto de una manera tan descarada y tan solo por evitar una multa de 200 euracos. Además todo el mundo sabe que desde lo de las torres gemelas nadie sin autorización puede entrar en el puerto de mi ciudad.
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