Se hace rápidamente de noche y me quedo completamente solo. La siguiente hora tampoco tiene desperdicio. Coloco un pequeño reflectante en mi mochila y acomodo el frontal en mi despoblada frente. El sonido de la cubierta deslizándose por la tierra y el sendero serán mis compañeros.De vez en cuando me asusta un gato o asusto a algúna ave rapaz que esta en medio del camino. Dejo atras ojos brillantes que me miran. A toda la velocidad que mi modesta luz me lo permite, me deslizo por unos caminos que conozco bien. Hoy también la luna me acompaña.Hoy el viajar en solitario me permite disfrutar mas del entorno. Llego a mi destino sudoroso y satisfecho por todo lo acontecido.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Preciosa canción, muy muy hermosa..
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