Sentado escuchando el sonido del agua repetitivo y tranquilizador y sintiendo el aire de finales de agosto en mi piel, me daba cuenta que algo estaba cambiando en el ambiente. El sol ya no golpea con tanta fuerza y la luz ya no es tan intensa, pero que importa si el tiempo es algo efímero y yo tengo por delante dos horas de relax en las que podré comer moras, hacer fotografías, disfrutar de algo mejor que un buen café y todo muy dulcemente.
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor