Llevamos unos cuantos años en esto de andar en bicicleta. Tantos que, cuando echamos la vista atrás, nos damos cuenta de cuánto ha cambiado este mundo y de cuántas cosas hemos tenido la suerte de vivir sobre dos ruedas.
Este fin de semana hemos tenido la oportunidad de hacer una pequeña incursión en el mundo de las e-bike. Y lo hemos hecho de la mano de una Mondraker Scree, que nos han dejado probar en nuestro taller favorito, Ciclotecnia, en Gijón.
Pero antes de contaros nuestras primeras impresiones, merece la pena echar la vista atrás y recordar de dónde venimos.
Nuestros comienzos se remontan a los últimos años de la década de los 80. Por entonces empezábamos a descubrir el mountain bike, aunque nuestras primeras salidas por los Picos de Europa tenían una curiosa explicación: eran los fines de semana en los que el mal tiempo nos impedía volar en parapente. Así que, cuando no había vuelo, tocaba bicicleta.
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| En el Angliru |
Después llegó el gran grupo de Gijón BTT Pelayo, con el que seguimos recorriendo caminos, descubriendo lugares y, sobre todo, viendo cómo evolucionaba aquel mundo de la bicicleta de montaña que tanto nos enganchó.
| Por los Ancares con BttPelayo |
De la mano del histórico Garaje Pinzales y con la inestimable ayuda del buen amigo Joaquín Manuel fuimos pasando por distintos modelos de BTT. Tuvimos la suerte de vivir en primera persona aquella gran revolución: los cambios de geometrías, materiales, suspensiones y componentes. Casi sin darnos cuenta, fuimos testigos de cómo aquella bicicleta de montaña de nuestros comienzos se transformaba en algo muy diferente.
Más tarde llegaron los viajes. Empezamos a llevar nuestras bicicletas por toda la península y también hicimos algunas incursiones por Europa. Porque, cuando descubres que una bicicleta puede ser mucho más que una compañera para las salidas de fin de semana, resulta difícil ponerle límites.
| Transpirenaica |
| Transandalus. El boquete |
Ahora, cuando estamos a las puertas de la jubilación, parece que toca dar otro pequeño paso. No vamos a engañarnos. La edad está ahí y somos conscientes de que nuestra condición física, con el paso de los años, probablemente irá cambiando. Pero hay algo que tenemos bastante claro: no estamos dispuestos a dejar de hacer lo que más nos gusta. Seguir montando en bicicleta, descubrir nuevos caminos y compartir buenos ratos con los amigos.
Por eso, probar una bicicleta eléctrica empieza a tener bastante sentido. No lo vemos como una renuncia ni como un cambio de filosofía. Más bien como una posibilidad de seguir disfrutando de este mundo durante muchos años y de hacerlo sin tener que renunciar a nuevas aventuras.
Así que este fin de semana tocaba estrenar sensaciones. Nos llevamos la Mondraker Scree a recorrer algunos caminos de los alrededores para hacer nuestros primeros pinitos.
La experiencia ha sido muy agradable. La comodidad es evidente, la ayuda del motor es una auténtica pasada y, además, este tipo de bicicleta permite meterse por terrenos y hacer algunas cosas que, con mi bicicleta rígida, de momento resultan bastante más complicadas. ¡Menudo puntazo cuando el motor te echa un cable en una buena rampa!
Ha sido un fin de semana de disfrute, de probar cosas nuevas y de descubrir sensaciones diferentes. Todavía es pronto para sacar conclusiones. Necesitamos más kilómetros, más caminos y más tiempo para entender lo que una bicicleta de estas características puede ofrecernos.
De momento nos quedamos con las buenas sensaciones y con la satisfacción de seguir descubriendo cosas después de tantos años. Porque, al fin y al cabo, de eso va el asunto: de seguir teniendo ganas de salir, de pedalear, de viajar y de compartir el camino. ¡Que no falten las rutas, los buenos repechos ni las risas en el arcén!
Y si para seguir haciendo todo eso hay que incorporar una nueva compañera a nuestra particular familia de bicicletas, pues bienvenida sea.
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Pues si que levas años en este mundillo. Felicidades
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