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El viaje


El desplazamiento al lugar de inicio de la ruta es otra aventura, sobre todo si viajamos en transporte colectivo. Los horarios siempre tienen algún pero, que si es fin de semana, que lleva retraso, que si habido un problema mecánico.
Una vez dentro del tren hay que solucionar la ubicación de la bicicleta. Si hay muchos usuarios con bicicletas no entraremos todos  y en el mejor de los casos tendremos que pelearnos con algún ciclista más meticuloso de la cuenta.
Pero superadas todas esas dificultades viene lo mejor. Está asegurada conversación y tranquilidad hasta la llegada al destino.
En el destino normalmente solamente tienes que pelearte con las escaleras mecánicas y con las puertas automáticas.
Cuando estas fuera ya solamente te queda disfrutar del día hasta el momento del regreso.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana