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Lagrimas en la Antología de Gervasio Sánchez



Toda una suerte haber podido ver en tu compañía esta cruda y descarnada exposición de un gran fotoperiodista. Miles de muertos en un centenar de imagenes. Horrores que vemos y otros que imaginamos. Silencio absoluto en un espacio grandioso. Un rayo de esperanza en la imagen que te posteo y un gran tipo rodeado de lugareños.
Y al final ese rayo de esperanza junto a ese llanto que sentimos al ver al chico de kosovo. Pese a su rostro marcado por las minas anti personales rehaciendo la vida junto a su novia. Como siempre es nuestro corazón el que salva las situaciones y pone la sal a la vida. Y como siempre seguimos sintiéndonos afortunados al dejar fluir nuestros sentimientos. 

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana