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Huye

Siempre me gustaron las historias de niños malos. Siempre me gusto mirar como los malos. Me sigue gustando escucharlos y ver su versión de las cosas. Y como hay malos por todas partes pues tengo mucho que aprender de ellos. (y no voy de coña). Por eso hoy te posteo esta imagen. Fue hacerla y salir huyendo. Huyendo de los buenos, por supuesto. Pero en ocasiones las cosas no son lo que parecen y yo me encontraba en un lugar difícil. Un lugar al que no podre volver y al que no podre llevar al hombre del traje gris. Y eso es lo que menos me mola de la historia, porque hombres como el del traje gris disfrutan viendo lugares especiales.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana