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Recordando el paseo del día de Navidad



 Seguro que la mejor manera de bajar la comida de la noche buena es dando un paseo en bicicleta. Como la ciclogénesis explosiva nos dio una tregua, nos cargamos de energía positiva y nos dispusimos a respirar el aire de la ciudad. Vimos deportistas nadando en las templadas aguas del cantábrico, adultos con sus mejores galas paseando por los típicos lugares de la ciudad, parejas contemplado el tranquilo oleaje,  amigos haciendo tiempo hasta la hora de la típica comida de Navidad, las tropas del vikingo de Cimadevilla volviendo a sus aposentos etc. Pero lo que  verdaderamente nos gusto fue lo que se respiraba en el ambiente, o por lo menos lo que nosotros respiramos. Sonidos de blues con la mezcla perfecta de góspel muy adecuados para estos días y que nos dejaron nuestro espíritu limpio y preparado para recibir el torrente de buenos momentos que nos esperan estos entrañables días

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana