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Ni en el mejor de mis sueños me podía imaginar algo parecido



Ni en el mejor de mis sueños me podía imaginar que aquel sábado nos encontraríamos paisajes de una belleza tan deslumbrante. Al girar bruscamente en aquel sendero, apareció como por arte de magia, un valle inundado por un increíble mar de nubes. Nos detuvimos sin apenas hablarnos y comenzamos a hacer comentarios, disparar nuestras cámaras y disfrutar del instante. Por mi mente pasaron en aquellos instantes muchas cosas. El frenesí del momento me llevó a otros lugares en los que ni en los mejores de mis sueños, hubiese soñado con algo parecido. Como es de suponer me pasaron imagenes relacionadas con personas, con situaciones o con momentos muy especiales. Pero volviendo a la realidad y despertando de aquel sueño me encontré, con mi querida Arco iris de fresas, sentado en la terraza de la plaza Mayor de un pueblo con mucho encanto. Llenábamos solamente una mesa y nos acompañaban tres cervezas y unos humildes cafés con leche. No eramos muchos pero eramos los suficientes.Instantes de alegría y de camaradería nos hacían recordar momentos del pasado y hacer planes para el futuro.Amigos entrañables y muy especiales, yo diría que únicos. Solamente tenía ojos para mi  querida Arco Iris de fresa  y para los kilómetros que recorreremos en el futuro. No se puede pedir más a un momento así, solamente nos queda disfrutarlo y contarlo, contarlo y compartirlo con aquellos que nos escuchan y nos quieren. Por eso hoy quiero compartir contigo este fascinante mar de nubes en el que estoy felizmente metido.

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¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana