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hace dos días





Hace dos días veíamos el bosque de Peloño con estos colores y y con la música que te posteo, aunque lo de la música puede que sea una pequeña licencia. Bajando el bosque nos confundíamos con el sonido de las moto sierras, el serrín que dejaban en el camino y el olor a madera recién cortada. un paseo de seis horitas rodeado de bikers que habían decidido pasar el sábado en el mismo paraíso. Entre Asturias y León viviendo un gran día otoñal. Recordando anécdotas de otras excursiones por estos mismos caminos. Comiendo nuestro bocadillo en el bar de La Uña y hablando con el más mítico furtivo de la zona. Todo con el Manpodre de testigo y unos compañeros que siempre están a la altura, y esta semana contaré por qué.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana