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Un regalo para Miguel


La semana pasada tuvimos el lujazo de compartir charla y conferencia con Miguel Comendador.Una mañana dedicada a contar su viaje de dos años por America del Sur. Pedazo de comunicador es el tío. Un lenguaje fácil, directo y actual. Se hace entender no importa la edad. De esas personas que ha aprendido a escuchar y a compartir, no se si en el viaje o en su otro viaje por la vida, pero es así.
Pero lo que me ocupa es el dibujo Luna, una niña de seis años. Después de la charla y con el fondo de la preciosa foto del salar de Uyuni propusimos a los alumnos que quisieran saber más del viaje que entrasen en el blog y que junto a sus papás disfrutasen de lo que allí se dice. Y resumiendo este es el regalo que le quiere hacer Luna  a Miguel por las bonitas historias que le contó.
Nos parece muy bonito escuchar, nos parece mejor todavía escuchar historias de viajes y nos parece que enseñar otras maneras de vivir la vida es un golpe de aire fresco y un buen espejo en el que mirarse.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana