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No hay rendición


Teníamos necesidad de parar en aquel polvoriento sitio.
Teníamos necesidad de compartir una cervezas mientras los enormes camiones nos llenaban de polvo.
Teníamos necesidad  de que nuestras caras jóvenes recuperaran el brillo y la alegría.
Teníamos necesidad de recordar nombres, caras y situaciones de aquellos tiempos.
Teníamos necesidad de saber por donde va la filosofía de vida o que se yo.
Pero lo que no era necesario era pasarse el control de aduanas de una manera tan descarada.
No era necesario tener que mentir a la autoridad portuaria.
No era necesario pegarse ese acelerón para evitar que aquellos mastodontes cargados de cemento nos aplastasen.
No era necesario hacerse el tonto de una manera tan descarada y tan solo por evitar una multa de 200 euracos. Además todo el mundo sabe que desde lo de las torres gemelas nadie sin autorización puede entrar en el puerto de mi ciudad.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana