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¿ Por qué me gustó tanto el mercado del Bolhao.






Entrar en aquel mercado fue toda una lección de como vive la gente de Lusitania. Gente mayor que viene a la ciudad a vender los productos de la tierra. Gente mayor sobrada de tiempo que vive en la ciudad y que se pasea por el mercado, buscando los mejores productos. Conversaciones tranquilas y con un tono de voz muy relajado. Turistas que todo lo congelan con sus potentes objetivos. Alimentos que son únicos en aquellos confines. Especias desconocidas para el viajero, que impregnan de olores los alrededores. Una luz diferente en cada momento del día.
Todo esto y algo más que no alcanzo a comprender, hacen que una y otra vez me haya paseado por el mercado del Bolhao con mi cámara en la mano para tratar de inmortalizar todo aquello, un deseo demasiado pretensioso para un aficionado a la fotografía, por más que mi querida Lumix trabaje como una campeona.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana