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Contraluz1

Te encuentras un mirador improvisado. Jóvenes sentados charlando en uno de los mejores lugares de la ciudad. A esa hora la cálida luz del atardecer inunda nuestros corazones, una luz que redondea nuestros sentimientos. Estamos en el mismo lugar, la luz incide en nuestras retinas con el mismo ángulo, es el mismo instante pero cada uno de los que allí respiramos. Una pareja se besa, un grupo de adolescentes fuma, otros miran el horizonte y nosotros nos acercamos. Detenemos nuestras bicicletas y compartimos un instante con los allí presentes. Nuestra historia va por otro lado, somos forasteros con ganas de sentir las pulsaciones de los locales, de quedarnos con las mejores imagenes del lugar. Mirar, escuchar los sonidos y degustar sus alimentos es lo único que podemos hacer para acercarnos un poco más a los que allí viven...

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana