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Semana blanca.



No es mala idea irse a las montañas. No es mala idea ir con un equipo basico. No es mala idea hacer una ruta corta. No es mala idea ir en plan "pisa praos". No es mala idea lo del grupo "camel tou". No es mala idea que lo que pase en la montaña quede en la montaña. No es mala idea lo de las raquetas de nieve. No es mala idea comer sentado en la nieve con una vista preciosa hacia el Gamoniteiro. No es mala idea pasarse el día buscando huellas de mustélidos. No es mala idea pararse cada cinco minutos a sacar fotos. No es mala idea acoplar el ritmo al que más fatigado. No es mala idea buscar un destino tan fácil como el puerto de Ventana. No es mala idea criticar a esos "expertos montañeros" que salen en compañía de su esposa y la llevan con la lengua fuera y a veinte metros de distancia. No es mala idea elegir el mejor día del invierno para airearse un poco. No es mala idea compartir un buen desayuno como inicio de ruta. No es mala idea comer a base de embutidos y queso del país. No es mala idea escuchar y escuchar a los montañeros que conocen todos los picos y te cuentan historias de otras rutas. No es mala idea llevar crema protectora solar para que no te quede la cara colorada como un pimiento. No es mala idea lo de la cerveza al finalizar la ruta.

Comentarios

  1. Anónimo7/3/12 23:01

    No son malas ideas, no, son excelentes ideas. No importa que la ruta sea corta o larga, lo importante es disfrutar de la montaña, de lo que te ofrece: silencio, generosidad, belleza, robustez, firmeza... A la montaña no se va con prisas ni corriendo, de nada vale hacer cumbre si no sabes por donde fuiste. Y tan importante puede ser llegar a la cima como disfrutar de la buena y sana compañía, esos momentos de sinceridad a los que parece que sólo le abres la puerta en medio de toda esa inmensidad de toda esa belleza, de todo ese silencio, esos momentos de risas recordando cosas pasadas o que pudieran estar por venir, esos momentos de planes para la siguiente,esos alimentos compartidos entre todos,la comilona en el bar del pueblo y el sueñín que te entra de vuelta a casa en el coche, cuando no te toca conducir, esos momentos y tantos otros que parece que sólo se viven allí. M.

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