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Cuando los tambores suenan al unisono.

Era el momento de desempolvar mi querida bicicleta para dos. Siempre dispuesta a darme buenos momentos, decidimos salir un 15 de Enero por sendas, caminos y carreteras colindantes a mi hogar. El capitán y el fogonero pronto encontraron la sintonía necesaria para hacer un gran viaje. Primeros momentos para encontrar el golpe de pedal y la justa sincronización de movimientos. Fácil, muy fácil fue deslizarse por las sendas que serpentean nuestra ciudad. Un terreno agradable con pocas irregularidades y tan dulce que poco a poco nos permitió tomar velocidad. Lo que se suponía seria una salida de medio día fue tomando cuerpo y se convirtió en una ruta bastante sería. Al final nos salieron una "burrada" de kilómetros y más horas de las previstas, incluida la parada para tomarnos unos espaguetis que no estaban a la altura y un plátano con chocolate templado y canela que nos dio el punto necesario para iniciar el largo retorno. Ahora mismo un pequeñisimo dolor de piernas me indica que el recorrido fue exigente. Pero la gozada de rodar en buena compañía, grabando imagenes en mi retina, percibiendo los delicados perfumes del invierno y sintiendo en mi rostro mil sensaciones placenteras, hacen que ya piense en la próxima salida. Será una nocturna por lugares con mucho encanto y el equipo seguirá siendo el mismo, es una tontería cambiar cuando todo a funcionado a las mil maravillas.


Comentarios

  1. Me alegra que los tambores toquen, por fín, al unísono..., disfrútalo porque ere un auténtico privilegiado....

    LMI

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  2. Qué chula la bici! MC

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