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Va a empezar a llover....



No era mala idea despedir este extraño verano con una salida por la zona central de mi región. Una salida clásica circulas que comenzamos en Nava con 4º y que acabamos en una sidrería muy recomendable, tomándonos un refresco, delante de unos afortunados clientes que se estaban comiendo un cachopo kilométrico y con un aspecto tan saludable como el paseo que nos acabábamos de meter.
No esta mal el numero 3 para hacer un agradable equipo. Mis compañeros me brindaron una jornada sin sobresaltos con 1600 mts de ascensión y un delicado sol que nos fue acariciando la cara durante toda la jornada. Todavía pudimos disfrutar de pistas secas y rápidas. Apenas un par de tramos en ascenso con tierra húmeda que nos hicieron imaginar lo que está por llegar. Sin prisas pero con agilidad dimos cuenta de 40 km que en ocasiones nos pusieron las cosas difíciles hasta llegar a Las Praderas. Sigue siendo un lujo llevar compañeros que hacen maravillas con sus monturas .

Con dolor de huesos y un sol tremendo recorríamos la autovía del Cantábrico en dirección a nuestro hogar. Sabíamos que era el ultimo día de verano del otoño. Me resistía a acabar un día tan bonito de aquella manera. Una llamada a otra bici amiga hizo que la comida, al sol de poniente, fuese un remate de lujo. Mi querida Blue también tenia derecho a despedir el verano con el sol en la mejilla , una alegre conversación y la ilusión de quien comienza a despegar en este otoño tan particular.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana