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Cambio de rutinas.



Parece mentira pero con el cambio de estación me llega un enorme cambio de rutinas. Mejor dicho las rutinas dejan de existir y todo se convierte en un torrente de actividades sin hora y sin día.
Claro que voy a echar de menos esa hora del atardecer donde las sonrisas y la placidez del paseo nos hacían ir a la cama más relajados.
No echaré de menos el sonido de mi despertador avisándome de que la función acababa de empezar.
Se me hará raro tener que trazar cada día el planning de actividades.
Será un problema llevar una alimentación ordenada y equilibrada.
Tendré que andar a mil por hora para acceder a Internet y contarte las miles de anécdotas diarias.
Será inevitable aumentar el número de horas diarias de bicicleta, así como quemar la piel al menor de los descuidos.
La ingesta de helados se multiplicará por mil y la cerveza con limón formarán parte de nuestras conversaciones.
Habrá que madrugar mucho para hacer buenas fotos. Y muchas cosas más que todavía no tenemos ni idea que nos pasarán

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¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana