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En el bosque encantado

Si es cierto a treinta minutos de mi ciudad he encontrado un bosque encantado. Adentrarme en el ha sido transportarme a otros lugares. otros mundos y quizás a otras vidas. Una frondosa vegetación me rodeaba. Musgo por todas partes. Intensos colores que no se si llegaría distinguir bien a causa de mi querido daltonismo. Una quietud inmensa rota simplemente por el canto de los pajaros. Compañeros de ruta que me lo pusieron muy facil y muchas más cosas, que como siempre, se me quedan en el tintero. Pues eso una tonta mañana de primavera que hizo que nuestros sentidos se diesen todo un festín y eso sin contar con las zamburiñas, la sidra y les fabes con pulpo que me hicieron pensar que vivía en el mejor de los mundos.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana