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Aquel día en Candas



Me gusta la San silvestre de Candas.Llevo años participando y lo que más me gusta es encontrarme con amigos cicloturistas. En muchas ocasiones llevo meses sin verlos pero siempre surge una sonrisa y un abrazo de manera natural. Este año no podía ser diferente. Me fui con el bueno de Manolo y allí pasamos una bonita tarde de fin de año. El tiempo era expendido y todo transcurrió con la normalidad deseada. Pero lo que más me impacto ese día fue ver a Emilio con su bicicleta adaptada. Imagino que desde su bicicleta se ve todo de otra manera, a distinta altura y a otra velocidad. Me quedo con esa sonrisa y esos saludos entre amigos y espero encontrar muchas más bicicletas como la de Emilio en las concentraciones de próximos años.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana