Te pone la casa, te presta su sabiduría, te lo cuenta con palabras sencillas, te lleva por lugares de película, te transporta a otros mundos no muy lejanos y si muy heroicos. Y todo con tranquilidad, serenidad, humildad y modestia. Además todo aderezado con el sudor, la sangre y las lagrimas que nos proporcionan nuestras monturas. Por eso no la palabra que nos ronda por nuestra cabeza es "agradecidos", y de verdad que lo estamos.
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor