A esas horas de la tarde en las casas de campo se está cenando.Mi costumbre de saludar a toda persona que se cruza e mi camino, sumada a la de realizar rutas nocturnas por los mismos sitios, en ocasiones te depara sorpresas. Aquella tarde/noche bajaba del monte por el camino de siempre. Los gatos de la casa hicieron que me detuviese. Por la ventana se filtraba un olor de muerte. Los perros comenzaron a ladrar y el dueño de la casa salio algo asustado. Saludé como siempre y me detuve a comentar ciertos aspectos de nuestras salidas nocturnas. Los lugareños ven luces “raras” por los caminos, moviendose a toda velocidad y pasan miedo. Siempre escucho eso de ¡Segun estén las cosas, puede ser cualquier desaprensivo! La conversación degeneró hacia la vertiente gastronómica cuando salió una encantadora dama de la cocina. Me contó que había nacido en el campo pero en la zona de Libardón.Era encantadora, muy parlanchina y con una sonrisa y una visión muy positiva de las cosas. Deduje que ...
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