Ir al contenido principal

Un viaje al verano de 1936

 Candamo 36-37. La historia también se cuenta desde un patio… y sobre dos ruedas

Sales de casa pensando en hacer fotografías y sabes que  terminaras  llevándose mucho más que unos cuantos retratos  y eso es lo que me ha pasado el 12 de septiembre en  San Román de Candamo.

La historia comienza en un patio. Allí hay una bicicleta antigua, restaurada y preparada para formar parte de esta recreación histórica. Una bicicleta que, sin hacer ruido y sin disparar un solo tiro, se va a convertir en la protagonista de todas mis fotografías. Es mi manera de mirar lo que sucede, de buscar mi punto de vista y de contar una historia sin necesidad de ponerme delante de la cámara.

Será un viaje al verano de 1936

Candamo 36-37  organizado por la asociación Frente del Nalón, nos propone viajar al pasado y conocer algunos de los acontecimientos más importantes de la Guerra Civil en Asturias. Este año se cumplen 90 años de su comienzo y la recreación nos lleva al verano de 1936, cuando España empezó a vivir uno de los periodos más difíciles de su historia reciente.

El viernes, el recorrido nos trasladó a Oviedo, a aquellos primeros días de julio en los que el golpe militar cambió la vida de miles de personas. Y la historia no empezó con una gran batalla, sino con algo mucho más cercano: las familias, los niños y la incertidumbre de no saber qué iba a pasar al día siguiente.

Una de las primeras escenas nos llevó a un orfanato minero. Allí, las familias tenían que tomar una decisión muy difícil: llevarse a los niños a casa o dejarlos en el centro pensando que estarían más seguros. Los maestros y responsables del lugar intentaban ayudar mientras todo a su alrededor empezaba a cambiar.

Después llegaron los soldados, los movimientos de las tropas y la tensión que se vivía en las calles. Poco a poco, la recreación nos fue acercando a los primeros enfrentamientos y al comienzo del cerco al cuartel de Simancas, en Gijón. Los milicianos intentaron que los militares se rindieran. Pero no fue así. Hubo disparos, asaltos y heridos, hasta que los atacantes tuvieron que retroceder.

Todo aquello ocurrió hace noventa años. Ahora, gracias al trabajo de los grupos de recreación, podemos acercarnos a esos momentos y entender un poco mejor cómo se vivieron. Mirar la historia con otros ojos.

Lo interesante de estas jornadas es que la historia sale de los libros y ocupa las calles, los edificios y los patios. Los uniformes, los vehículos, los objetos y, sobre todo, las personas que participan hacen que por un momento parezca que hemos viajado en el tiempo.

Pero conviene no olvidar algo: aquello no fue un juego para quienes lo vivieron. Detrás de cada uniforme hubo personas, familias separadas, miedo y muchas vidas que cambiaron para siempre. Por eso creo que estas recreaciones tienen sentido. Nos permiten mirar hacia atrás, hacer preguntas y comprender que la historia no está tan lejos como a veces pensamos.

Y mientras todo eso sucede, yo sigo buscando mis fotografías en un escenario ten atractivo.

En el patio hay una bicicleta antigua, restaurada y preparada para formar parte de esta recreación. Una bicicleta de época, de las que hoy nos cuesta imaginar circulando por nuestras calles, pero que en aquellos años formaban parte de la vida cotidiana. Esta vez no es una bicicleta que ha llegado por casualidad a la historia. Nosotros la hemos colocado en el centro de la acción y queremos que sea el testigo principal de nuestra película.

Y ahí está el reto que más me gusta como fotógrafo: observar los detalles, buscar el encuadre adecuado y conseguir que cada imagen nos transporte a otro tiempo.

Porque en El sonido de mi tambor nos gusta viajar, mirar y contar historias. Unas veces pedaleando por caminos desconocidos y otras, como hoy, viajando al pasado a través de una recreación, de sus personajes y de una bicicleta antigua que también tiene su lugar en esta historia.

Pero si hay algo que hace especialmente gratificante este tipo de encuentros es el contacto con las personas. Este año he tenido la oportunidad de fotografiar a recreadores veteranos, algunos con muchísimos años de experiencia, que llevan tiempo dedicándose a mantener viva la memoria de aquellos acontecimientos. También a jóvenes y a personas que participaban por primera vez en una representación histórica. Y, como siempre, a gente llegada de distintos puntos de España e incluso de otros países. 

Cada persona tiene su historia, sus motivos y su manera de vivir esta afición. Compartir unos minutos con ellas, escuchar, observar y buscar ese instante que merece una fotografía es, para mí, una fuente constante de inspiración.

Al final, las recreaciones históricas no solo nos permiten conocer el pasado. También nos dan la oportunidad de encontrarnos con recreadores que disfrutan compartiendo su pasión y que consiguen que ese pasado siga vivo en nuestra memoria.

Y eso, junto con las fotografías que me llevo a casa, es uno de los grandes regalos que me ofrece Candamo 36-37.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana