Arrancamos en Malpica de Bergantiños, kilómetro cero de la Costa da Morte. Desde aquí nace nuestro proyecto: recorrer el litoral gallego en formato bikepacking, etapa a etapa, durante los próximos años, en escapadas de tres, cuatro o cinco días. La idea es sencilla y ambiciosa a la vez: reunirnos cada temporada para saborear el mar en todas sus formas. Paisajes abiertos al Atlántico, historias de quienes viven a su lado y una gastronomía que forma parte del viaje tanto como los kilómetros. Buscamos equilibrio: pedalear, escuchar, probar y compartir.
La bicicleta es nuestro mejor vehículo. Nos permite avanzar sin prisa, detenernos cuando el cuerpo o la curiosidad lo pidan y movernos con respeto por el entorno, manteniendo siempre la armonía del grupo y el ritmo de cada uno. Viajar así no es solo desplazarse; es habitar el camino.
Para comenzar elegimos O Camiño dos Faros, una travesía de la que todo el mundo habla y que Iván conoce bien gracias a su pasión por la pesca en esta costa. Será nuestro primer termómetro, la prueba que nos dará la medida de lo que nos espera en los años venideros. Y si algo intuimos desde el principio es que esta aventura no va solo de sumar etapas, sino de construir recuerdos con salitre en la piel y viento en la cara.
Este camino comenzó a tomar forma a finales de 2012, cuando un pequeño grupo de amigos decidió explorar a pie este tramo salvaje de litoral. Con el tiempo lo señalizaron y empezaron a organizar salidas periódicas para recorrerlo, dando vida a una ruta que hoy se ha convertido en todo un referente.
El sendero está marcado por discretas señales verdes: flechas, puntos y pequeñas huellas que acompañan al caminante. En algunos tramos coincide con senderos GR perfectamente señalizados, aunque pronto vuelve a buscar su propio rumbo junto al océano. Es un itinerario que exige atención y respeto, porque atraviesa zonas escarpadas de una belleza rotunda, donde el Atlántico golpea con fuerza y el paisaje se muestra en estado casi puro.
A lo largo del recorrido aparecen lugares profundamente ligados a la vida del mar, como las zonas de percebeiros. También se atraviesan tramos muy vírgenes, espacios apenas humanizados en los que el silencio, el viento y el rugido del océano dominan el escenario.
Para preservar ese entorno frágil, el camino cuenta con numerosas pasarelas de madera que permiten avanzar sin dañar el terreno y recuerdan al viajero que está atravesando un territorio delicado. En esta zona está prohibido acampar: la norma es sencilla, pasar con respeto y seguir adelante. Además, la ruta discurre por un territorio especialmente rico en aves migratorias y con una flora que, en algunos casos, se encuentra en peligro de extinción.
Nuestra forma de viajar no nos permitirá rodar por el borde mismo de los acantilados, pero la ruta diseñada comparte buena parte del trazado original. Eso nos obligará a exprimir toda nuestra habilidad sobre la bicicleta para evitar sustos innecesarios. Iván ha asumido la responsabilidad de la navegación. Ha preparado un track adaptado a nuestras bicicletas, aunque en más de una ocasión hemos tenido que modificarlo: la naturaleza es caprichosa y nos hemos encontrado tramos cerrados o de paso muy complicado.
Su propuesta divide el recorrido en tres jornadas, con final de etapa en Camelle, Muxía y Fisterra, donde el océano parece marcar el fin del mundo y donde, además, pasamos una de las mejores veladas del viaje. El regreso a Malpica será más directo. Solo volveremos a rozar la costa en la bahía de Furna do Corvo, en el concello de Cabana de Bergantiños. Allí nos aguardará una escena inesperada: las mariscadoras trabajando en la orilla, recordándonos que este viaje no es solo paisaje y pedaleo, sino también vida cotidiana ligada al mar.
Malpica de Bergantiños es el punto de partida de nuestra aventura. Desde aquí pondremos rumbo a Fisterra a lo largo de unos 200 kilómetros que —aunque todavía no lo sabemos— terminarán regalándonos un viaje inolvidable, lleno de historias que bien podrían llenar las páginas de un libro.
El destino final de este primer día será Camelle, tras unos 80 kilómetros que no nos defraudan. En esta jornada inicial nos encontramos primero con el faro del puerto de Malpica, que actúa como pistoletazo de salida, seguido del faro de Punta Nariga. La ruta está diseñada para pasar por todos los faros del recorrido, y es en esos puntos donde coincidimos con más visitantes. Sin embargo, el resto del camino lo recorremos prácticamente en soledad: apenas nos cruzamos con seis o siete caminantes, con quienes intercambiamos impresiones sobre la ruta. Es evidente que son sensibilidades distintas; recorrerla a pie o en bicicleta cambia mucho la experiencia.
Esta primera etapa nos deja un sabor de boca extraordinario. La llegada a Camelle es espectacular: grandes bloques de granito erosionados por el tiempo dibujan formas caprichosas, y la llovizna que nos acompaña añade un encanto especial al momento. Nos detenemos unos minutos para contemplarlo con calma y saborear la llegada.
En Camelle nos alojamos en O Refuxio do Náufrago, un albergue recién inaugurado que refleja el carácter de sus dueños y el espíritu emprendedor de la gente del lugar. No deja de ser simbólico: este fue en su día un importante enclave ballenero, habitado por pescadores curtidos en mil batallas frente al Atlántico. Aquí, entre historias de mar y viento, termina nuestra primera jornada.
La ruta continúa por una pista rápida y pedregosa, perfecta para nuestras bicicletas de gravel. Rodamos hasta la playa de Reira y desde allí nos acercamos al faro de Laxe, que vigila la costa desde lo alto. Hasta Camariñas el recorrido se convierte en un auténtico paseo. El tiempo acompaña y la sucesión de playas, acantilados y miradores abiertos al océano nos obliga a detenernos más de una vez.
Seguimos avanzando casi en solitario, disfrutando de rincones como las playas de A Barreira y Os Muíños, donde el paisaje parece suspendido en una calma inesperada. Para llegar a Muxía aún tendremos que improvisar un poco: en una de las franjas de bosque que bordean los acantilados encontramos el camino bloqueado por pinos caídos y maleza. Nos toca modificar el track y buscar alternativas. Pero precisamente ahí reside parte de la magia de estos viajes: desviarse, explorar y descubrir lugares que no estaban en el plan.
Tras unos primeros kilómetros llanos que nos permiten calentar las piernas, la ruta se empina en dirección al monte Cachelmo. Desde la cima contemplamos Muxía abrazada por el Atlántico antes de iniciar un descenso técnico que nos conduce hasta la playa de Arnela.
A partir de ahí la jornada se convierte en un continuo sube y baja. Las piernas trabajan sin descanso mientras atravesamos pistas rotas y senderos pedregosos que ponen a prueba tanto nuestra técnica como la resistencia de las bicicletas. El esfuerzo se ve recompensado con paradas frente a arenales de gran belleza, como la playa de Moreira
La llegada a Touriñán nos da un respiro. Una pista cómoda nos conduce hasta la playa de Nemiña, donde hacemos una parada memorable en el restaurante Saburil. Sobre la mesa aparecen empanadas gallegas de todo tipo que devoramos con el apetito que solo se tiene después de una mañana intensa de pedaleo.
Tras bordear la ría de Lires, el paisaje vuelve a mostrarse salvaje. La subida al monte Valadoiro exige un último esfuerzo serio antes del descenso final hacia Fisterra, donde llegamos a media tarde tras superar un último cortafuegos que pone a prueba nuestras fuerzas.
Fisterra —el fin de la tierra— es otro mundo. Un pueblo marinero donde muchos peregrinos dan por terminado el Camino de Santiago y donde el océano parece marcar el límite de todo. La jornada se cierra con una magnífica cena en el puerto, entre risas y conversaciones con “El Fulares”, dueño de la taberna Mariñeira A Loira , uno de esos personajes que parecen sacados de una novela y que nos amenizo la velada con mil y una anécdotas que por supuesto se quedarán en aquella mesa.
Ficha técnica de la ruta
Etapas y enlaces a sus track
- Malpica- Camelle
- Camelle-Muxia
- Muxia-Fisterra
- Dificultad física: media
Dificultad técnica: Media
Bicicleta recomendada: Gravel o Btt
Época del año recomendada: Primavera, verano y otoño.

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