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Camiño do faros 2023

Arrancamos en Malpica de Bergantiños, kilómetro cero de la Costa da Morte. Desde aquí nace nuestro proyecto: recorrer el litoral gallego en formato bikepacking, etapa a etapa, durante los próximos años, en escapadas de tres, cuatro o cinco días. La idea es sencilla y ambiciosa a la vez: reunirnos cada temporada para saborear el mar en todas sus formas. Paisajes abiertos al Atlántico, historias de quienes viven a su lado y una gastronomía que forma parte del viaje tanto como los kilómetros. Buscamos equilibrio: pedalear, escuchar, probar y compartir.

La bicicleta es nuestro mejor vehículo. Nos permite avanzar sin prisa, detenernos cuando el cuerpo o la curiosidad lo pidan y movernos con respeto por el entorno, manteniendo siempre la armonía del grupo y el ritmo de cada uno. Viajar así no es solo desplazarse; es habitar el camino.

Para comenzar elegimos O Camiño dos Faros, una travesía de la que todo el mundo habla y que Iván conoce bien gracias a su pasión por la pesca en esta costa. Será nuestro primer termómetro, la prueba que nos dará la medida de lo que nos espera en los años venideros. Y si algo intuimos desde el principio es que esta aventura no va solo de sumar etapas, sino de construir recuerdos con salitre en la piel y viento en la cara.


Este camino comenzó a tomar forma a finales de 2012, cuando un pequeño grupo de amigos decidió explorar a pie este tramo salvaje de litoral. Con el tiempo lo señalizaron y empezaron a organizar salidas periódicas para recorrerlo, dando vida a una ruta que hoy se ha convertido en todo un referente.

El sendero está marcado por discretas señales verdes: flechas, puntos y pequeñas huellas que acompañan al caminante. En algunos tramos coincide con senderos GR perfectamente señalizados, aunque pronto vuelve a buscar su propio rumbo junto al océano. Es un itinerario que exige atención y respeto, porque atraviesa zonas escarpadas de una belleza rotunda, donde el Atlántico golpea con fuerza y el paisaje se muestra en estado casi puro.


A lo largo del recorrido aparecen lugares profundamente ligados a la vida del mar, como las zonas de percebeiros. También se atraviesan tramos muy vírgenes, espacios apenas humanizados en los que el silencio, el viento y el rugido del océano dominan el escenario.

Para preservar ese entorno frágil, el camino cuenta con numerosas pasarelas de madera que permiten avanzar sin dañar el terreno y recuerdan al viajero que está atravesando un territorio delicado. En esta zona está prohibido acampar: la norma es sencilla, pasar con respeto y seguir adelante. Además, la ruta discurre por un territorio especialmente rico en aves migratorias y con una flora que, en algunos casos, se encuentra en peligro de extinción.

Nuestra forma de viajar no nos permitirá rodar por el borde mismo de los acantilados, pero la ruta diseñada comparte buena parte del trazado original. Eso nos obligará a exprimir toda nuestra habilidad sobre la bicicleta para evitar sustos innecesarios. Iván ha asumido la responsabilidad de la navegación. Ha preparado un track adaptado a nuestras bicicletas, aunque en más de una ocasión hemos tenido que modificarlo: la naturaleza es caprichosa y nos hemos encontrado tramos cerrados o de paso muy complicado.

Su propuesta divide el recorrido en tres jornadas, con final de etapa en Camelle, Muxía y Fisterra, donde el océano parece marcar el fin del mundo y donde, además, pasamos una de las mejores veladas del viaje. El regreso a Malpica será más directo. Solo volveremos a rozar la costa en la bahía de Furna do Corvo, en el concello de Cabana de Bergantiños. Allí nos aguardará una escena inesperada: las mariscadoras trabajando en la orilla, recordándonos que este viaje no es solo paisaje y pedaleo, sino también vida cotidiana ligada al mar.

Malpica de Bergantiños es el punto de partida de nuestra aventura. Desde aquí pondremos rumbo a Fisterra a lo largo de unos 200 kilómetros que —aunque todavía no lo sabemos— terminarán regalándonos un viaje inolvidable, lleno de historias que bien podrían llenar las páginas de un libro.

El destino final de este primer día será Camelle, tras unos 80 kilómetros que no nos defraudan. En esta jornada inicial nos encontramos primero con el faro del puerto de Malpica, que actúa como pistoletazo de salida, seguido del faro de Punta Nariga. La ruta está diseñada para pasar por todos los faros del recorrido, y es en esos puntos donde coincidimos con más visitantes. Sin embargo, el resto del camino lo recorremos prácticamente en soledad: apenas nos cruzamos con seis o siete caminantes, con quienes intercambiamos impresiones sobre la ruta. Es evidente que son sensibilidades distintas; recorrerla a pie o en bicicleta cambia mucho la experiencia.

Esta primera etapa nos deja un sabor de boca extraordinario. La llegada a Camelle es espectacular: grandes bloques de granito erosionados por el tiempo dibujan formas caprichosas, y la llovizna que nos acompaña añade un encanto especial al momento. Nos detenemos unos minutos para contemplarlo con calma y saborear la llegada.


En Camelle nos alojamos en O Refuxio do Náufrago, un albergue recién inaugurado que refleja el carácter de sus dueños y el espíritu emprendedor de la gente del lugar. No deja de ser simbólico: este fue en su día un importante enclave ballenero, habitado por pescadores curtidos en mil batallas frente al Atlántico. Aquí, entre historias de mar y viento, termina nuestra primera jornada. 


La segunda etapa nos sorprende incluso antes de comenzar a pedalear. A pocos metros del pueblo nos detenemos ante los restos de la casa de Man, el Alemán de Camelle. Aquel artista solitario, cuyo verdadero nombre era Manfred Gnädinger, decidió vivir frente al mar y convertir la costa en su obra de arte. Durante décadas fue moldeando piedras, esculturas y pequeños elementos que dialogaban con el paisaje. Su historia terminó de manera triste en 2002, pocos meses después de la catástrofe del petrolero Prestige, cuando la marea negra arrasó gran parte de su obra y del entorno al que había dedicado su vida. Hoy el lugar conserva un aura extraña, casi silenciosa, como si el océano aún guardara memoria
de aquel personaje irrepetible.
Con ese comienzo cargado de historia arrancamos la jornada. La ruta nos conducirá hasta el Cementerio de los Ingleses, un lugar sobrecogedor que recuerda el naufragio del buque británico HMS Serpent en 1890 frente a estas costas. De los más de ciento setenta marineros que viajaban a bordo apenas sobrevivieron tres. Los cuerpos que el mar devolvió fueron enterrados allí mismo por los vecinos de la zona, y desde entonces el lugar permanece como un pequeño memorial frente al Atlántico.

La ruta continúa por una pista rápida y pedregosa, perfecta para nuestras bicicletas de gravel. Rodamos hasta la playa de Reira y desde allí nos acercamos al faro de Laxe, que vigila la costa desde lo alto. Hasta Camariñas el recorrido se convierte en un auténtico paseo. El tiempo acompaña y la sucesión de playas, acantilados y miradores abiertos al océano nos obliga a detenernos más de una vez.

Seguimos avanzando casi en solitario, disfrutando de rincones como las playas de A Barreira y Os Muíños, donde el paisaje parece suspendido en una calma inesperada. Para llegar a Muxía aún tendremos que improvisar un poco: en una de las franjas de bosque que bordean los acantilados encontramos el camino bloqueado por pinos caídos y maleza. Nos toca modificar el track y buscar alternativas. Pero precisamente ahí reside parte de la magia de estos viajes: desviarse, explorar y descubrir lugares que no estaban en el plan.



Cuando finalmente llegamos a Muxía, el ambiente cambia de golpe. Sin apenas darnos cuenta nos cruzamos con los peregrinos del Camino de Santiago y con el imponente santuario de Nosa Señora da Barca, encaramado sobre las rocas frente al mar. El lugar tiene algo magnético. Caminar por el entorno del santuario al atardecer, con las olas rompiendo contra las rocas y los peregrinos contemplando el horizonte, es una experiencia difícil de explicar.




La tercera etapa comienza con un buen desayuno frente a la comisaría de policía, lugar al que —según las bromas de mis compañeros— casi me llevan durante la noche a causa de mis ronquidos. Las risas sirven de prólogo a una jornada que, aunque más corta en distancia, promete ser exigente por el desnivel acumulado.

Tras unos primeros kilómetros llanos que nos permiten calentar las piernas, la ruta se empina en dirección al monte Cachelmo. Desde la cima contemplamos Muxía abrazada por el Atlántico antes de iniciar un descenso técnico que nos conduce hasta la playa de Arnela.

A partir de ahí la jornada se convierte en un continuo sube y baja. Las piernas trabajan sin descanso mientras atravesamos pistas rotas y senderos pedregosos que ponen a prueba tanto nuestra técnica como la resistencia de las bicicletas. El esfuerzo se ve recompensado con paradas frente a arenales de gran belleza, como la playa de Moreira



La llegada a Touriñán nos da un respiro. Una pista cómoda nos conduce hasta la playa de Nemiña, donde hacemos una parada memorable en el restaurante Saburil. Sobre la mesa aparecen empanadas gallegas de todo tipo que devoramos con el apetito que solo se tiene después de una mañana intensa de pedaleo.

Tras bordear la ría de Lires, el paisaje vuelve a mostrarse salvaje. La subida al monte Valadoiro exige un último esfuerzo serio antes del descenso final hacia Fisterra, donde llegamos a media tarde tras superar un último cortafuegos que pone a prueba nuestras fuerzas.






Fisterra —el fin de la tierra— es otro mundo. Un pueblo marinero donde muchos peregrinos dan por terminado el Camino de Santiago y donde el océano parece marcar el límite de todo. La jornada se cierra con una magnífica cena en el puerto, entre risas y conversaciones con “El Fulares”, dueño de la taberna Mariñeira A Loira  , uno de esos personajes que parecen sacados de una novela y que nos amenizo la velada con mil y una anécdotas que por supuesto se quedarán en aquella mesa.


El regreso será otra historia. Iván nos ha preparado una ruta de unos 70 kilómetros que nos llevará casi en línea recta desde Muxía hasta Malpica. Esta vez el camino se adentra en el interior y solo volveremos a sentir la cercanía del mar en la Senda do Anllóns, un importante observatorio de aves.
Allí hacemos una parada en la playa de Urixeira, donde presenciamos una escena que resume perfectamente el espíritu de esta costa. Varias mariscadoras recogen almejas y berberechos en la arena con movimientos precisos y pacientes. Charlamos brevemente con ellas antes de que se adentren en el agua para continuar su jornada. Incluso en un día tranquilo resulta evidente la dureza de su trabajo.
Cuando regresamos a Malpica, el pueblo está lleno de vida y la playa rebosa de bañistas. Encontramos una terraza con vistas al mar y celebramos el final del viaje con unas buenas tapas y la satisfacción de haber completado una aventura memorable.
Después vendrá el regreso a casa, unas tres horas de carretera. Pero volvemos como más nos gusta hacerlo: con la mochila llena de historias, la cabeza repleta de paisajes y la certeza de que la costa gallega aún guarda muchos caminos por descubrir

Ficha técnica de la ruta

Nombre: Camiño do Faros 
Fechas: 5/6/7/8 de agosto del 2023
Salida / llegada: Malpica 
Distancia total: 288km

Etapas y enlaces a sus track

  1. Malpica- Camelle
  2. Camelle-Muxia
  3. Muxia-Fisterra

  4. Dificultad física: media

Dificultad técnica: Media

Bicicleta recomendada: Gravel o Btt

Época del año recomendada: Primavera, verano y otoño.




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