Pasaban sin prestarle atención. Para ellos era un elemento más del mobiliario urbano. Nos ha acompañado en estos cuarenta y tantos días de arresto domiciliario. Ha sido testigo de cosas maravillosas y también de situaciones muy tristes. Y hoy ha aparecido de esta manera. No logro entender el significado de esas cintas, pero no me gusta nada lo que intuyo. Ancianos, vagabundos, amas de casa, gente desesperada o simplemente con ganas de reposar sus penas, aquella pareja de enamorados, el dueño del dogo argentino, la rubia del collie y los compradores ocasionales del Carrefour, ellos no podrán dejarse acompañar por mi querido banco. Me da la impresión que algo estamos perdiendo en este tiempo de cuarentena. Sólo espero que sea más lo que suma y sobre todo que nos haga más felices.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

Comentarios
Publicar un comentario