En mi café favorito me encuentro todos los días con esta escena. Una magnifica bicicleta llegada del frió, apoyada en el cristas que da acceso al local. Una distinguida y elegante bicicleta a la que su dueño tiene en gran estima. Día a día observo como la va llenado de complementos que sin duda facilitan la vida a su propietario.
En una ciudad en la que la bicicleta no esta implantada, estos ejemplares no pasan desapercibidos. Al que escribe le gusta ver a sus dueños y descubrir su estilo de vida, su forma de comportarse y su manera de pilotar bicicletas.
Esperemos seguir, por muchos años, viéndola en el mismo lugar. A su dueño no le gusta verla encadenada a una farola y por eso siempre descansa sin ataduras apoyada a la pared.

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