Ver en acción a los paratriatletas es todo un ejercicio de humildad. Tienen todas las dificultades del mundo y las superan con una entereza y un buen humor envidiable. Les dan las peores horas, el circuito no suele estar adaptado a sus necesidades, su infraestructura requiere un esfuerzo económico importante y sus desplazamientos implican una logística complicada.
Después de superar todas estas trabas, llega lo bueno. En la competición, y gracias a todo lo que han vivido, son luchadores, son solidarios y son comprometidos.
Tendría que haber muchas carreras de este tipo y deberíamos pasar por allí para verlos y descubrir todos esos valores de los que os hablo.
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