Supongo que no pensaba en los copiosos avituallamientos.
Supongo que no pensaba en los kilómetros del recorrido.
Supongo que no pesaba en el abundante almuerzo que nos esperaba en la meta.
Supongo que no pensaba en el desnivel acumulado de la etapa.
Supongo que no pensaba en el tipo de terreno por el que pensaba rodar.
Supongo que no pensaba en las horas de coche que le esperaban para llegar a casa.
Supongo que no pensaba en lo bonitas que eran las bicicletas de sus compañeros de ruta.
Pero lo cierto y a pesar de la diferencia de edad con todos los que le rodeábamos.Lo que allí estábamos teníamos el mismo sentimiento de alegría y de satisfacción. Sabíamos que disfrutaríamos como niños en las siguientes horas. Sabíamos que con nuestro pedalear afloraría todo lo que de niños llevamos dentro.Por eso nos gusta tanto andar en bicicleta y hacerlo rodeados de gente. Un sentimiento común que el domingo pasado compartimos caso 350 personas.

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