Cuando pierdes de vista a tus compañeros es que la cosa se complica. Delante de ti tienes un fuerte desnivel. Tus compañeros supones que lo han superado. No has escuchado ningún aviso sugiriéndote precaución y tampoco has escuchado gritos pidiendo auxilio. Ahora llega tu turno. Ves a los muchachos en el fondo del valle. Te observan y quieren ver tu destreza par afrontar el reto. Hace presencia en tu cuerpo la adrenalina. Observas el terreno mientras tu bicicleta empieza a deslizarse. Piensas en la trazada que han elegido ellos. Evitas clavar los frenos y ves como van pasando los metros y todavía no te has caído. Poco a poco y sin apenas complicaciones llegas a su lado. ¡Ya superaste el momento delicado del día! Te incorporas al grupo y sigues la ruta esperando otro momento parecido.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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