
En esta ocasión hemos cambiado las dos ruedas por las cuatro de nuestro vehículo de motor. Hemos recorrido el concejo de Ponga de norte a sur y de este a oeste. Todo un fin de semana atravesando carreteras plagadas de manchas boscosas y rodeado de gente autentica. Además de pasear por Ventaniella, patear Les Bedules y el bosque de Peloño, me he encontrado con gente amable y amante de su tierra. Emprendedores que se sienten orgullosos de sus orígenes y que quieren vivir donde nacieron. Puedo recordar a Tamara una joven ganadera que pretende levantar una gran ganadería. A la señora de Sobrefoz que con sus dos alojamientos rurales pretende dejar encarrilado el futuro de sus hijas. La amable responsable del centro de interpretación que después de emigrar a la gran ciudad ha vuelto a San Juan de Beleño para iniciar una nueva vida junto a su familia y una infinidad de animales, que sería muy largo de enumerar. El responsable de la fonda Ponga que junto a sus innumerables hijos regenta un prospero negocio.Y así podría seguir más tiempo del que dispongo.
He recorrido a otra velocidad los caminos, las pistas y los senderos que hace años me vengo "comiendo" con mis queridas bicicletas, y he disfrutado como un enano. Los colores de la primavera dejan un precioso bosque que en esta zona está surcado por multitud de riachuelos que le dan vida y color.
He visto un concejo que alberga un tesoro natural de valor infinito y que es necesario dejar como legado a nuestros hijos y dar a conocer a los que todavía no lo han descubierto.