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Día 10 Coronavirus



A primera hora de la mañana son un ejército. Inconfundibles por su aspecto, chicas/señoras cargadas con sus súper mochilas al hombro y perfectamente uniformadas. A las 6 de la mañana y corriendo de portal en portal para acabar su dura jornada. Me cuentan que están destrozadas, ahora tienen más trabajo. Desinfectan con una disolución de lejía y agua oficinas, organismos públicos, residencias etc. Su trabajo se ha convertido en importante, yo diría que imprescindible, estos asombrosos días . Pero todo sigue igual. Sus sueldos dan risa, sus condiciones laborales también y el trato que les damos aún peor. ¿Las saludamos en alguna ocasión cuando las vemos en el portal? ¿Sabemos su nombre? ¿Las miramos a los ojos cuando nos cruzamos por las mañanas? Pues ahora, en gran medida, ellas tienen la solución. Hoy mi aplauso de las 8 va por ellas y mucho me temo que no servirá para que les suban el sueldo.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana