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Paraba obligatoria...



Debería de hacerse obligatorio para a mitad de salida, en todas las grupettas ciclo turistas. Estando dispuestos al dialogo y con ganas de escuchar, las historias llegan por si solas.
En aquel bar de Olloniego descubrimos una repisa llena de trofeos y una foto del campeón del año 1956. El hombre ya fallecido, en sus tiempos mozos, después del trabajo le daba a la bicicleta. Su viuda nos contó alguna anécdota y nos habló de aquellos tiempo.
Lo que si puedo asegurar es que los grupos de ciclistas siempre son bien recibidos en las zonas rurales. La experiencia nos dice que en estas zonas se han forjado grandes campeones. Y no nos extraña, con  tanto puerto, y tanto trabajo duro se forjan gente de otra galaxia.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana